26/08/2011

Tercer ciclo de Beavers: El teatro del gesto




por P. Adams Sitney

Frente a la asombrosa rapidez con la que Beavers realizó las películas de aprendizaje de su primer ciclo (1968-70) y las cuatro obras magníficas y maduras de su segundo ciclo (1971-75), le llevó otros veintiséis años acabar las siete películas del tercer ciclo de My Hand Outstretched to the Winged Distance and Sightless Mesasure. Por supuesto, esta vista esquemática no toma en cuenta la reedición y las nuevas bandas de sonido que hizo para todos sus primeros trabajos en los 90. Esas revisiones fueron integrales para el funcionamiento de las películas previas autónomas en los ciclos en primer lugar.

Dos acontecimientos de la vida personal del cineasta encuadran la producción de estas siete películas conclusivas e interfieren, en parte, en la paz de su producción: poco después de acabar la primera versión de Sotiros en 1978, Gregory Markopoulos y él fueron atropellados por un autobús en Grecia. Beavers quedó herido seriamente e incluso casi perdió su vista de un ojo como consecuencia del accidente; luego, en 1992, Markopoulos murió de un linfoma. Fue únicamente después de todo eso cuando Beavers acabó una serie de películas que había filmado en los años 80, y cuando revisó el resto de su obra. La presencia fugaz y la ausencia planeadora de Markopoulos cercan el tono elegíaco que resuena habitualmente, que se apaga lentamente, y que suena de nuevo a lo largo del ciclo, culminando en la película final.

Ninguna de las siete películas, Sotiros (1976-78/1996), AMOR (1980), Efpsychi (1983/1996), Wingseed (1985), The Hedge Theater ( 1986-90/2002), The Stoas (1991-97) y The Ground (1993-2001), superan la media hora. Fueron realizadas especialmente en Grecia, aunque haya escenas de Austria, Suiza e Italia. Los gestos manuales toman un papel central en muchas de ellas. Aunque Beavers dejara de rendir homenaje a los grandes artistas del pasado, las alusiones al teatro antiguo y barroco son frecuentes a lo largo del ciclo. El teatro ocasionalmente forma un fondo imaginario frente al cual simples actos de producción y orden de la vida cotidiana adquieren su sentido: el cineasta destaca especialmente afeitarse, vestirse, cortarse el pelo, la costura, las cartas, el barrido, la medición, el corte de la piedra, y la construcción de casas.

Sotiros fue condesada en veinticinco minutos a partir de tres películas: Sotiros Responds (1975), Sotiros (Alone) (1977) y Sotiros in the Elements (1977), aunque puede que no haya nada de la última en ella. “Sotiros”, uno de los epítetos griegos para Apolo, significa salvador, redentor, curandero; puede ser un nombre propio en Grecia, el equivalente a Salvador. Con Markopoulos, Beavers visitó el templo de Apollo Sotiros (o Epikouros) en Bassae cuando comenzó las series. (Cerca, Markopoulos encontró un lugar para The Temenos. El principal trabajo de Markopoulos en los últimos quince años fue la reedición de su corpus completo para las proyecciones en the Temenos; reestructuró su trabajo en los veintidós ciclos de Eniaios. Llevaría más de ochenta horas proyectar las aproximadamente cien películas que comprenden la serie de obras. Beavers trabajó de nuevo en todas sus películas y dispuso en tres ciclos My Hand Outstretched siguiendo el ejemplo de Markopoulos con Eniaios, quien concibió el proyecto the Temenos como algo soteriológico o una analogía de los cultos curativos de Asclepius).

Asombrosamente, Beavers curó las heridas de su pierna y de uno de sus ojos provocadas por el accidente de autobús justo después de haber acabado la edición de la película de veintisiete minutos Sotiros Responds. Sotiros (Alone), de once minutos, tomó como tema la subsecuente convalecencia del cineasta en Graz. Sotiros in the Elements, de siete minutos, la más corta de las tres, vuelve a los lugares y a las imágenes de la primera película con las palabras aisladas superpuestas en la pantalla: «When / return / there / He said, / one / still. Red. / heal / clouds / or / now / smiling, he said / step / open». Esas palabras aparecen primero en el lado derecho de la pantalla, y luego aparecen de nuevo hacia atrás como imágenes espejadas en el lado izquierdo. En última instancia, la insatisfacción del cineasta con el efecto de las palabras le llevó a excluir la película del ciclo.

De todos modos, estaba más contento con el uso de las palabras visibles en Sotiros Responds. Por tanto, incorporó su elíptica evocación del diálogo en la primera parte de Sotiros, donde las palabras «He said» y «he said.» se repiten rítmicamente en la pantalla, como si algunas de las imágenes fueran el diálogo directo de uno o dos interlocutores. A los veinte segundos en la película, tras tres planos, leemos: «He sad», en letras blancas sobre fondo negro a la izquierda de la pantalla. Después de otros cinco planos, «he said.» aparece en el lado derecho, de nuevo en letras blancas sobre fondo negro. Este modelo vuelve veintiuna veces de nuevo, después de diecisiete minutos, un último «He said» aparece sin la contrapartida de cierre; en cambio, una pausa en negro indica una transición a la forma material trazada en Sotiros (Alone), donde no aparecen títulos en la pantalla. Estas dos indicaciones de un diálogo se enmarcan en secuencias de hasta nueve planos, pero pocas veces se limitan a funcionar como paréntesis de un único plano. Del mismo modo, después del periodo y antes del siguiente «He said.» en mayúsculas, siempre aparece al menos un plano, y en ocasiones en muchos, hasta trece. Aunque no haya una diferencia discernible entre los planos (o el modo en que son editados) dentro de la sentencia putativa y las que están fuera; por tanto no podemos separar el diálogo directo de una narración enmarcada en la base del imaginario. La película anima a sus espectadores a leer el montaje como un diálogo representado mientras que al mismo tiempo se resiste a cualquier cartografía sistemática de él.

Desde que la parte de la película en la que los títulos aparecen, se alternan continuamente planos desde una habitación de hotel en Berna, Suiza, con imágenes de varias localizaciones en Grecia –un pastor con cabras en el campo, un borracho o «un idiota del pueblo» en un pueblo blanco, y escenas callejeras de Atenas en las que vemos un mendigo ciego- podemos entender la película como una conversación o un monólogo en la habitación de hotel sobre la experiencia en Grecia. De ese modo la intimación de un diálogo alinearía la situación de Sotiros en la cabeza del tercer ciclo con Winged Dialogue en el primero y quizá con From the Notebook Of… en el segundo, de acuerdo con mi lectura sobre su doble retrato culminado.

Beavers filmó la habitación de hotel a diferentes horas del día para registrar el movimiento de la luz alrededor de sus cuatro paredes. Sus pocos muebles incluye dos camas iguales unidas para formar una doble cama, dos mesas, y dos lavabos adyacentes. Los dobles muebles imparten a la alternación del «He said,» y «he said.» un refinamiento más alejado de la conversación sugerida entre los compañeros, o la recolección obsesiva de uno de los interlocutores con el otro.

Los tres planos de apertura encuadran una imagen del paisaje griego entre dos fragmentos de camas vacías, ofreciéndonos un paradigma de una estructura de diálogo-interlocutor-diálogo (o el que escucha). El juego frecuente de gestos de la cámara –una panorámica a la izquierda, después de un rótulo, seguida por una panorámica a la derecha después del otro- refuerza esta noción. Rara vez aparecen los títulos sin alguna alusión visual a la habitación de hotel. Finalmente, una imagen de Markopoulos en la habitación refuerza la noción de que podría ser el que habla o al que se refiere el pronombre y a Beavers, aunque el cineasta se haya tomado el trabajo de realizar panorámicas para impedir una interpretación literal. En una conversación en los archivos de The Temenos en Zurich (25 de junio de 2002), glosó los intertítulos en referencia a Yeats: «Yeats dijo en alguna parte que esperaba un encuentro en el que otros dijeran todo lo que había pensado decir». El también se fijó en que «Sotiros es el personaje que interpreta el papel de un idiota que puede decir todo lo que quiere». Pero cuando Tony Pipolo le preguntó si el «he» hacía referencia a Apolo, Beavers respondió:

«El «he» ha quedado indefinido. Es la voz de Sotiros sin que Sotiros sea mostrado en la película. En cierto sentido, «he» es la película. Hay también una imagen de Gregory sentado en una silla y la luz permaneciendo en su cara. Entonces había otra figura, filmada en Leonidas, y se convirtió en el loco del pueblo. Su nombre era realmente Sotiros. Aunque esta figura y el hombre ciego sean sólo parte de Sotiros».

Me reiteró esto en una carta:

«No estoy seguro de que los títulos He said, & he said. se refieran a un único he. Podría ser un diálogo en tercera persona. En algunos momentos los títulos se adhieren ellos mismos a figuras en la imagen, y en otros momentos parecen estar suspendidos. Están en la original Sotiros Responds y las imágenes silentes que siguen o preceden a los títulos, que tienen la cualidad de ser una declaración. El impulso básico era cómo sugerir que la película, ella mismo, es una voz. Escribiéndola de ese modo suena muy extraño. Por otro lado todavía estoy pensando cómo presentar una voz en una película y cómo emplazar la voz en un espacio particular. En el caso de Sotiros Responds, los títulos están situados en el espacio de la habitación de hotel mientras la luz del sol toca varios puntos de las tres paredes. El nombre de Sotiros, es el nombre real del sujeto que da un salto y se mueve girando mientras hace un gesto con la cabeza y con su mano. Asocié el nombre a la luz en la habitación puesto que también significa Salvador como un atributo de Apolo si no estoy equivocado. Llega al sentido más profundo en Sotiros (Alone), la película hecha después del accidente de autobús, la herida en la pierna, etc. Es una poesía más personal. No puedo ayudarte con el tercer título. Todavía seguía pensando en sugerir una voz y usar las palabras reales adelante y atrás y la máscara moviéndose en el centro del plano».

Si tomamos «las imágenes silentes que siguen o preceden los títulos… [como] una declaración», podremos concluir que el tema de la discusión son las manifestaciones soteriológicas de Apolo. El hombre ciego y el loco del pueblo representan modelos de aflicción, a menudo asociados en la religión griega y en la mitología con la profecía. Yendo más allá, Apolo era tanto el agente de la dolencia como el salvador de ella. Georges Dumézil ha explicado que Apolo era la versión griega de una divinidad indoeuropea del propio diálogo, el patrón tripartito de la profecía, el poder y el alimento social, y que su patronazgo de la medicina era una formación secundaria de su dispensario de alimentos y una forma de comunicación entre los humanos. Bajo esta lectura, la profecía y los trabajos de la lira poseen funciones axiales: uno revela a los hombres el pensamiento de Zeus y el otro les instruye sobre cómo agradecer a los dioses a su vez. En la película, sin embargo, el “diálogo” del idiota del pueblo y del hombre ciego toma la forma del gesto, no de las palabras.

El tema de la conversación imaginaria o del monólogo en la habitación de hotel es incidental a la fuerza primaria de los actos (no escuchados) del habla, hasta en la mente del espectador, las distinciones entre decir, los gestos y la filmación, justo como esas distinciones entre las letras capitales y los pronombres en minúscula, se expanden y chocan. Los dos hes, como pronombres, son sustitutos para otros signos, nombres vacíos o escondidos. Yendo más allá, la conjugación en pasado –“said”- marca la desaparición del fenómenos auditivo; como si la habitación de hotel resonara con las reverberaciones silentes y las implicaciones de lo que él (o He o he) dijo en ella. En contraste con esas indicaciones de la pronunciación de un verbo perdido, la imagen fílmica afirma continuamente su presencia equívoca en los ritmos del montaje. Cuando el cineasta dice que el «he» que habla es la propia película, es consciente, por un lado, de las instrucciones de Apolo situadas en el centro de su arte. Como Markopoulos, que parece haber sido uno de los barcos de su instrucción en esta materia, concibe su cine como una suerte soteriológica: Sotiros es un himno cinematográfico.

Las panorámicas parecen jugar un papel fundamental más en Sotiros que en cualquier otra película de Beavers. Normalmente, cortará de una panorámica a una imagen fija del paisaje con un choque abrupto; algunas veces, sostendrá un plano durante largo rato sólo para mover la cámara justo antes de cortar a otra imagen fija. Parece estar dejando al descubierto una sintaxis de la composición de la imagen en la que el encuadre fílmico, los movimientos de la cámara, y los sonidos ambivalentes toman un sentido en la resistencia a las convenciones de la expresión.

Después de la última aparición del “He said”, hay dos planos. En el primero, un obturador interior se cierra a la luz, mientras que el segundo muestra un edificio blanco de pueblo, presumiblemente el mismo, con una ventana cerrada. Cuando se reanudan las imágenes después de una breve pausa en negro, vemos y oímos a un hombre afeitándose. Poco a poco reconocemos que es el propio cineasta, solo, como en el paréntesis del título original, que viene del material de esta parte de la película que hizo explícito. De hecho, no es hasta el último plano cuando podemos estar seguros de que la figura que hemos estado viendo en primeros planos con una gran cicatriz en su pierna es Robert Beavers: la imagen final nos muestra a él mismo sentado en la cama proyectando figuras de sombras en la pared con su mano.

Quizá la primera indicación del modo que ha adoptado para autorretratarse serían las sinécdoques de una mano girando un trípode en un movimiento panorámico, a menudo entrecortado con panorámicas de un nuevo paisaje: una calle en una ciudad austriaca, y los bosques que la rodean, donde vemos un ahumadero quemado. Usando el trípode como emblema de la filmación en su trabajo, Beavers quizá está jugando con la iconografía de la silla de tres patas del oráculo de Delfos. En cualquier caso, es el tropo de la lira aquí.

Beavers estaba convaleciente en Graz cuando estudió el score de Alban Berg, Wozzeck, y cuando leyó los ensayos del compositor sobre el tema. Utiliza la ópera como un intertexto crucial en esta parte de la película, incluyendo pasajes muy breves en siete ocasiones. Los fragmentos que se escuchan interconectados funcionan como las representaciones gráficas que las palabras tenían en la primera parte de la película. Wozzeck se convierte en una articulación profética del sufrimiento del cineasta. De hecho, así había sido para el propio Berg, que transformó su triste experiencia de la Primera Guerra Mundial y su asma debilitante en su canción trágica. La frase que abre la ópera, “Langsam! Eins nach dem Andern!” (¡Despacio! ¡Uno después del otro!), puede ser escuchada sobre un primer plano del oído del convaleciente, como si él mismo estuviera escuchando la música de Berg, pero la cita se refiere al plano previo también, puesto que Wozzeck está afeitando al Capitán Hauptman (quien canta estas líneas) cuando se levanta el telón. Cada referencia a Wozzeck introduce una nueva voz (aparte de la segunda y la tercera, cuando Beavers separa un breve pasaje del Doctor en dos fragmentos): Capitán Hauptman, el Doctor, María (la desleal amante de Wozzeck, a quien mata), un Loco o Idiota, y el propio Wozzeck, que se ahoga. Finalmente, un sordo pasaje de orquesta concluye con la película. Cada una de esas referencias tiene relación con las imágenes de la película y con el estado físico o mental de Beavers. Aunque las tres primeras estén codificadas dentro de los planos del oído o de los pasajes en blanco, cuando el Loco canta, «Ich riech, ich riech, Blut!» (¡Sonrío, sonrío sangre!), vemos un primer plano de la nariz convaleciente, y luego el ahogado Wozzeck grita: “Das Wasser is Blut… Blut» (El agua es sangre… sangre), hay una imagen de un estanque en el bosque. El progreso, entonces, de los momentos operísticos no sólo sigue el desdoblamiento de Wozzeck en la secuencia; también se desplaza desde la sugestión del tema del film, la escucha pasiva a su identificación imaginaria.

Una alusión al lento paso del tiempo durante la convalecencia personaliza la obsesión del Capitán Hauptmann con «los anchos estiramientos de tiempo que ve tirado ante él». Grita: «Langsam!» al barbero no sea que le abandone en ese tiempo vacío antes de su próximo servicio. De forma parecida, los estúpidos experimentos diarios del Doctor con Wozzeck, citados en el segundo fragmento musical («¿Estás llevándolo como siempre? ¿Afeitando al Capitán? ¿Cazando lagartijas? ¿Comiéndote tus alubias?»), algunos tropos sobre los dudosos tratos y operaciones que el doctor propuso a Beavers. Markopoulos me habló de una angustiosa narración de los hechos que se sucedieron tras el accidente. Aunque ya no puedo recordar los detalles, recuerdo vivamente cómo estaba de impresionado por los enormes esfuerzos que hizo para conseguir llevar a Beavers sin peligro a Austria y la serie de acontecimientos, de decisiones intuitivas que tomó, cancelando operaciones y tratamientos como si estuviera guiado por poderes invisibles que dirigían la recuperación de su amigo. Algunos de los pensamientos mágicos pueden ser vistos en la propia narración de Beavers de su premonición antes de que ellos fueran golpeados por el autobús:

«Cuando estaba todavía en Suiza, acabando la edición de Sotiros Responds, escuché en la radio un fragmento extraordinario de Wozzeck, de Alban Berg, llevado por el gran director Dimitri Mitropoulos en La Scala. Era casi imposible de conseguir porque sólo había un fragmento en una cinta. Le envié una carta al Archivio del Stato en Roma, que tenía una copia de la cinta, y paramos en Roma en nuestro camino hacia Grecia para poder escucharlo. Cuando salí de la sesión, vi un pájaro muerto delante de mí y sentí que era un mal augurio. Entonces, fuimos a Grecia, y casi de forma inmediata, poco después de eso, en Pentecostés, tuvimos este accidente. Después, en Graz, tuve tiempo para leer el libreto de Berg –que había escrito fuera de Graz- y sus dos ensayos. Formó parte de mis ideas para Sotiros (Alone). Finalmente, usé tres o cuatro frases de Wozzeck en la banda sonora y la elección de algunas localizaciones fílmicas tenían relación con la ópera. Mucho después, una vez que estuve completamente recuperado, volví a Grecia e hice la película más corta, Sotiros in the Elements».

Podemos leer esta declaración como si la investigación de la grabación de Wozzeck fuera una atracción fatal hacia el accidente. Tal concatenación de causas y efectos reflejaría la doble naturaleza de la religión griega, en la cual Apolo es al mismo tiempo el que trae la enfermedad y quien la cura. Fusionando las tres películas de Sotiros en una, Beavers tácticamente sugiere que el peligroso encuentro con las fuerzas apolíneas inevitablemente cambió de forma su película e incluso usó su cuerpo como un sentido de revelación y expresión. La propia película, como Sotiros, habla primero en imágenes y luego inflinge los sufrimientos que se convirtieron en el vehículo de su acabado. De ese modo, se puede decir de Wozzeck de Berg que ha estado tejiendo este proceso más que ser un apéndice, una alusión exterior.

La tercera referencia musical viene de una oración de Maria, en el acto 3, escena 1:

Und küsste seine Füsse und netzte sie
Mit Tränen und salbte sie mit Salben
(Y besó sus pies y los empalideció
de lágrimas y los ungió con bálsamo).

Aquí, Maria, conducida por una culpa sexual por su romance con el comandante, lee del Nuevo Testamento la descripción de María Magdalena ungiendo los pies de Jesús. En una conversación, Beavers habló de Sotiros como una película religiosa, apuntando que el equivalente alemán del nombre (y del título) tiene lugar en el aria de Maria, llamada “Heiland” (Salvador):

«Heiland! Ich möchte Dir die Füsse salben! Heiland!»
«¡Salvador! Debo ungir tus pues! ¡Salvador!».

Los actos de identificación del cineasta son complejos y oscuros aquí. Aunque el fragmento esté acompañado de un plano de su oído, reconociendo abiertamente que está escuchando la ópera de Berg en la habitación de hotel, incluso sugiriendo una identificación parcial con el cuerpo de Cristo, amplifica el narcisismo intenso del convaleciente; le siguen dos minutos de un plano de su pie descubierto en una fuente de luz, que inicia una secuencia de varios planos de la cicatriz en su pierna y uno de sus ojo dañado, anticipando la voz de Maria en la banda de sonido. Su reconocimiento del repentino poder de la fascinación sexual puede ser tomado como un comentario oblicuo en los planos, desde la primera parte de la película, del pecho desnudo de los obreros que están construyendo un edificio. Las imágenes posteriores del propio pecho desnudo del cineasta, incluyendo la secuencia con sus heridas, traen los dos vectores de la alusión musical –en una fusión narcisista. La discusión de Freud sobre la sustitución de «la catexis libidinosa en el ego», a propósito de la enfermedad, de las heridas, o de la hipocondría, enfatiza el erotismo narcisista de las dolencias corporales:

Ahora el prototipo del órgano que es dolorosamente tierno, que de alguna forma ha cambiado, y que todavía no está enfermo en el sentido común, es el órgano genital en su estado de excitación. En esa condición se convierte en una congestión con sangre, hinchazón y humedad, y es el lugar de una multiplicidad de sensaciones.

La luz, la canción, y el habla (mostrando y revelando) son los elementos cruciales temáticos de Sotiros. La etimología indoeuropea del título es particularmente rica. Viene de la raíz –teu que combina muchas palabras disparatadas asociadas con “hinchazón”: las palabras inglesas muslo, pulgar, dedal, y tumescencia; la palabra griega soma (cuerpo) y saos (seguro, salud). El cineasta construye su forma artística a partir del habla, de la música, y de la luz que el cineasta recibe y percibe.

La imagen final alegoriza la conjunción mostrando al convaleciente, sin dejar lugar a dudas el cineasta, realizando una sombra rudimentaria fílmica en la pared situada junto a él mintiendo sus manos en la corriente de la luz.

La siguiente película del ciclo, AMOR, es una lírica exquisita, filmada en Roma (Roma reversa las letras del título) y en el Heckentheather (Hedge Theater) de Salzburgo. El título AMOR transforma el Eros griego en latino. Beavers interpretó a esa divinidad en la película de Markopoulos O Basileus (1967) muy poco después de que se conocieran por primera vez. Aquí el cineasta declara su amor por el oficio de filmar, por los sonidos y las superficies que le rodean, incluyendo la ropa que tiene puesta. Los sonidos recurrentes de la tela cortada, de las manos aplaudiendo, golpeando y repiqueteando, enfatizan las asociaciones inmanentes en el montaje de los pequeños movimientos de cámara que acercan la fabricación de un traje y la construcción de un edificio. Hay primeros planos de un hombre, supuestamente el propio Beavers, de pie con un nuevo traje, haciendo una serie de movimientos con la mano y de gestos, incluyendo un aplauso. Un espléndido billete de banco firmado de 10.000 liras la economía estética de la película, en la cual se relacionan los puntos de confección con la edición.

En el breve ensayo La Terra Nuova, Beavers relaciona los tropos de los Circles de Emerson cuando habla de AMOR:

«Esta misma investigación confiere a la película una perspectiva individual, donde el espectador entrará como el único participante con vida. Tomando como ejemplo la Sacra Famiglia de Miguel Angel, me gustaría sugerir que la forma circular de la pintura queda completada por la pared curva y emplaza al fondo al que lo ve en un “orbe completamente redondo”. Imaginar cómo una película puede extender una perspectiva así en el tiempo, volviéndose cada vez más próxima al sentido subjetivo de lo que podemos ver. Con eso se conseguía un impulso como el que usé con el círculo completo de las lentes de la cámara en AMOR, girándolo en frente de la apertura para crear un movimiento como el de la mirada hacia arriba o hacia abajo. Permití a las lentes sugerir un campo redondo de visión amplificado en la forma de la película: una “orbe totalmente redonda, en su gozo de rotundidad” (Empédocles)».

Hacia el final del breve ensayo, en tan sólo cinco párrafos, la circularidad se expande hasta incluir las bobinas de la película cuyas revoluciones potencialmente derivan de la revelación estética: «Incluso el simple desenrollado o rebobinado de las bobinas son parte del proceso y puede ayudar a liberar un entendimiento destacando la forma definida de la película».

El movimiento de las lentes de la cámara alrededor de la torrecilla, como en Ruskin, es una de las diferentes manifestaciones del motivo circular: vemos lunetas arquitectónicas, arcos, enramados, tondos esculpidos, la imagen redondeada de Portrait of a Man de Andrea del Castagno (ahora en la National Gallery de Washington DC) en el billete bancario, botones prominentes en la chaqueta, carretes de hilo, así como las formas cilíndricas de las columnas, de las tuberías y de las mangas. Las implicaciones morales que Emerson toma del círculo pueden estar latentes en la película de Beavers; al venir justo después de Sotiros en el tercer ciclo, AMOR es un poema de recuperación y expansión:

«El ojo es el primer círculo; el horizonte que forma el segundo; y toda la naturaleza de esta figura primaria se repite sin fin. Es el mayor emblema en la clave del mundo. San Agustín describió la naturaleza de Dios como un círculo cuyo centro estaba por todas partes, y su circunferencia en ningún lugar. Pasamos todo nuestro tiempo de vida leyendo el abundante sentido de este principio de las formas… Admiras esa torre de granito, erosionada por el daño de tantos años. Sin embargo una pequeña mano agitada construyó este muro gigantesco, y la cual, lo que construye, es mejor que lo que es construido. La mano que lo construyó puede derribarlo mucho más rápido. Mejor que la mano, y más ágil, era el pensamiento invisible que lo causó… Pero el corazón rechaza ser aprisionado; en sus primeros y más cercanos pulsos tiende hacia el exterior con una fuerza enorme, y a expansiones inmensas e innumerables».

Beavers se enfrentó al motivo circular de AMOR contra el molde del espacio a instancia de la perspectiva forzada por el rococó Heckentheater (1704-18) de Salzburgo y la elegante Piazetta romana de St. Ignatius (1725-36). El primero se encuentra en los jardines de Mirabell, que fueron construidos a partir de los planos de Johann Bernhard Fischer con Erlach y diseñados de nuevo alrededor de 1730 por Franz Anton Danreiter. Los altos setos de una recesión de la perspectiva centrada en un proscenio, unos árboles en forma de V, sustituyen ahí a un posible escenario de filmación. Como un teatro al aire libre, recuerdan a la odea de la antigua Grecia y Roma, pero la perspectiva forzada recuerda al Teatro Olímpico de Palladio en Verona con el conjunto de perspectivas de Scamozzi para el recibimiento renacentista de Oedipus Tyrannos. Sebastiano Serlio teorizó el uso de ese tipo de perspectivas en su Architettura (1537-71), donde propuso tres tipos de punto de vista diferentes: una vista majestuosa para la tragedia, una calle de tabernas y burdeles para la comedia, y un telón de fondo rural para la sátira. Aunque el esquema es de Serlio, no de Beavers, una destilación similar del teatro y de su historia resuena a través de las películas del tercer ciclo; por ejemplo, a la noble vista de AMOR le sigue la calle con prostitutas de Efpsychi y una localización rural en Wingseed.

La arquitectura de AMOR es también teatral. Filippo Raguzzini concibió la diminuta plaza romana situada frente a la iglesia barroca de San Ignacio para los jesuitas del Collegio Romano. Es «el único esquema rococó planeado completamente y acabado a comienzos del siglo XVIII romano», de acuerdo con lo que dice Dorothy Metzger Habel. Tres elipsis entrelazadas definen la disposición exquisita de las fachadas curvilíneas que Raguzzini construyó para articular el espacio limitado en su disposición. Los planos recurrentes de una fábrica de corte y confección detallan la producción del traje que lleva la figura cuya cara no vemos. La atención se centra en sus manos, cuando aplaude, convirtiendo el espacio teatral y arquitectónico en un trampolín de sonidos. Las tijeras cortando la tela nos recuerda que el propio teatro de setos requiere continuos recortes para mantener su función arquitectónica.

Mientras que AMOR sitúa la ropa y los gestos en el centro de la escena, Efpsychi explora la relación entre el rostro y la máscara y del sonido sincrónico a lo no sincrónico. Recordando a Still Light en algunos aspectos, es un retrato de un joven rodeado dentro de un teatro estático de un entorno griego tradicional, en esta ocasión más urbano que insular. Llamando a la película Efpsychi, Beavers eligió un título que sería oscuro para la mayoría de sus espectadores. Es una palabra griega que hace mención a los altos espíritus o a un buen alma. En una de sus formas significa «tener buen coraje» y desemboca en un sentido de saludo tipo «despedida»; puede ser leído en las antiguas lápidas.

Paul Arthur ha descrito contundentemente e interpretado Efpsychi:

«Además de proveer una imagen densamente articulada de un escenario urbano, Beavers infunde el intercambio entre elementos dispares con una resaca de drama apagado. Es como si la cara del actor, como centro y relevo para una anticipación perceptiva-emotiva, participa de un juego de misterio sombrío en el que las representaciones aisladas de labores artesanales adquieren un peso efectivo que pincha en el deseo del espectador por una coherencia discursiva, cuando no narrativa. Las actuaciones recíprocas de manufactura artesanal y de interpretación quedan visualizadas como vestigios de un momento cultural anterior que no está demasiado “redimido” por la tecnología moderna del cine, gentilmente recalibrada a través de la inclinación por el medio de la yuxtaposición. Encarnada en las texturas y en los ritmos de Efpsychi, el encuentro del cine con el oficio artesanal igualmente elude los mitos románticos del Otoño, de la Máquina en el Jardín, con el ánimo de reconciliar lo viejo y lo nuevo».

La propia nota de Beavers sobre la película termina invocando la triada emersoniana, si leemos “azar”, como tantos artistas americanos lo hacen, como un sinónimo cercano a su aparentemente opuesto, necesidad:

«Los planos detalle de la cara del joven actor –sus cejas, sus ojos, el lóbulo de su oreja, sus labios y su barbilla, etc.- se sitúan enfrente de los edificios del viejo barrio del mercado de Atenas, donde cada calle carga con el nombre de un dramaturgo clásico griego. La proximidad de la cara y los mínimos movimientos son el sentido de todo el balanceo de la película, desde el nivel más inferior de la calle hasta los tejados. En este escenario, una intensa tranquilidad queda interrumpida a veces por un sonido repentino o por un movimiento en la calle. El actor pronuncia una sola palabra, τελευται′α, acepción de «el último», sus facciones cambian en cada escena y mientras repite la palabra, cada sílaba se mueve de forma diferente, sugiriendo una proximidad entre lo erótico, lo sagrado y el azar».

Todas las películas del tercer ciclo de Beavers dramatizan el estatus problemático de la imagen entretejiendo y diseccionando repetidamente gestos de significación –especialmente, movimientos de la mano. En Efpsychi, un límite de la disección sería la atención prestada a las cartas griegas individuales, y a las pequeñas agrupaciones de las mismas, a partir de los signos de la calle. Paul Arthur señaló que este encuadre de «“omicron-delta-omicron” (Ο∆Ο desde dentro de la palabra de la calle, `Ο∆ΟΣ sugiere una configuración de dos ojos y una nariz». La fragmentación analítica del entorno limpiar el instrumento del cineasta de las gastadas asociaciones y de los hábitos de las reacciones emocionales con el objetivo de examinar sus sentimiento con un rigor crítico. Habiéndose negado tácitamente al manierismo y la mitoepopeya del cine de Markopoulos, Beavers despojó su arte de cualquier apelación a la experiencia originaria: no hay especulaciones con los acontecimientos u orquestaciones de la emoción en el tercer ciclo. Aceptando la superficie del mundo de las cosas y el comportamiento visible del hombre como algo dado, Beavers sondea los signos de conexiones herméticas; incluso en su mayor parte, incluso los gestos que observa continúan siendo enigmáticos. Por debajo de su mirada persistente, el aislamiento pulido de las cosas sólidas y los actos simples abre el camino de una mente inquieta, tratando y consiguiendo tan lejos como es posible de definir el peculiar timbre de un lugar y encontrando la medida de su presencia en él. La consiguiente proyección de movimiento noético, su llegada y el ensayo de las percepciones, asociaciones, sentimientos e ideas, invierten en este trabajo una serena lucidez. Las propias películas nos afectan de forma tan abrumadora porque el cineasta ha comprendido sutilmente la imposibilidad estructural de llegar a definiciones o finales. En Efpsychi, puede que esté admitiendo el aplazamiento de cualquier momento conclusivo repitiendo la palabra griega teleftea (el último) en la banda de sonido. En realidad, grabó la palabra a partir de los gritos de un vendedor ambulante de billetes de lotería, avisando que sólo le quedaba uno para vender. La connotación apocalíptica y el contexto de la lotería cuentan para dos aspectos de la triada, lo sagrado y el azar. El tercero, el erotismo, recae de forma separada sobre la localización de la película y el modo en que es filmado el modelo. Vemos a hombres entrando y saliendo de un burdel, y a una pareja hablando en la calle, la mujer tocando sus nalgas y cepillando su falda de manera sugerente. Dejando a un lado este comercio con la sexualidad, la figura masculina central aparece en sensuales primeros planos de sus ojos, de sus cejas, de su barbilla, de sus mejillas, un primer plano de la manaza de Adán, de su cuello, de sus labios, de su torso, de su pelo. En un momento dado, le vemos besar un icono sagrado. Es un artesano que fabrica escobas hechas a mano en una pequeña tienda. El montaje le relaciona a él y a si tienda, en una proximidad cercana, con un fabricador de cirios, un cortador de cuero, y un tenderete con pescado fresco. Los nombres de las calles, en letras griegas y romanas - Eschylou, Sophoklou, Euripidou, y Theatrou-, nos recuerdan la centralidad de los rituales teatrales en la revisión de lo erótico, de lo sagrado, y del azar en esta cultura.

En el Archivo Temenos de Zurich, hay volúmenes sobre muchos de los poetas que Beavers encontró cercanos a su sensibilidad: Umberto Saba, Stefan George, Wallace Stevens, Rainer Maria Rilke, T.S. Elliot, Elizabeth Bishop, Horacio, y Francis Ponge (a quien le enseñó sus películas). De ellos, los poemas de Saba de su nativa Trieste muestras algunas afinidades con la forma en que Beavers suele retratar Atenas en Efpsychi, y en The Stoas. Probablemente se trate meramente de una coincidencia que teleftea se pueda traducir como Ultime cose (Last Things, 1944), uno de las últimas colecciones de poemas de Saba. Más relevante podría ser la concatenación de autorreflexiones, del amor perdido, y de la afección sagrada que Saba asoció con algunas calles de Trieste y con algunas tiendas y con los objetos que encontró allí por azar, aunque los aspectos explícitamente autobiográficos de la poesía de Saba son externos a la obra de Beavers.

Las imágenes lustrosas y ricas del paisaje Mediterráneo en Wingseed, con ovejas, cabras, y un hombre desnudo y sus ritmos intrincados reconocen abiertamente la deuda del cineasta con Markopoulos, pero incluso más enfáticamente apostan el terreno que Beavers se ha asegurado laboriosamente como su propio territorio: la fusión de las imágenes y de los racimos de imágenes que con firmeza mantienen su autonomía. Uno puede incluso ver esta película como una reafirmación de su relación con su amante y maestro.

Wingseed es claramente una égloga: en medio de algunas cabras y de muchas cabras encontramos a un joven desnudo, solo, a un lado de la atención implícita del cineasta, quien le observa y le dirige. En el primer fragmento vemos del sombrío muchacho su cabeza en la cama, como si estuviera besándola o abrazándola, sugiriendo que en este pastoral él interpreta el papel tradicional del amante insatisfecho, pero la fijación cinematográfica en su cuerpo gradualmente le confirma como un objeto de fascinación erótica, más que (o al menos, tanto como) el corazón subjetivo de la película. La relación del cineasta con el joven es tanto íntima como distanciada; es como si él mirara con frialdad la naturaleza de su deseo y, por extensión, su propia juventud.

Incluso la flauta de Pan que oímos de forma intermitente en la elegante banda de sonido minimalista fomentan la típica ambigüedad del arte de Beavers. Como un gesto iconográfico, las flautas representan la presencia de un Poeta, de la inspiración poética. La segunda égloga de Virgilio (a la que deberé volver) sigue la tradición bucólica identificando al pastor con un poeta bajo de la protección de Pan: «mecum una in silvis imitabere Pana canendo» (Bucolica, 11, 51) («Junto a mí en el bosque imitarás a Pan cantando»).

Pero aquí Beavers nos anima, de golpe, a reconocer al joven como la persona de un poeta pastor y a reconocer que detrás de él al cineasta, como el poeta-mago, que está controlando el ritmo de todo audio con los sordos cencerros de las cabras, el viento, una llamada gutural de los pastores, y flautas de Pan.

La nota de Beavers sobre la película va de un comentario sobre su título a la evocación de sus imágenes y sonidos:

«Una semilla que flota en el aire, un torbellino, un encanto amoroso. Este magnífico paisaje, tan caliente como seco, está lejos de ser estéril; más bien, el calor y la sequedad producen un tipo de vida diferente, visto en las formas perfectas de la yerba salvaje y de las vainas de las semillas, los rebaños de cabras así como en la figura desnuda. En el torso, en sí mismo, y más allá, en la imagen que crea bajo esta luz. Los sonidos de las señales del pastor y las frases de la flauta se oyen. Y los cencerros de las cabras. Imaginad los badajos de los cencerros moviéndose de un lado a otro con los movimientos de la cabra como los movimientos rápidos de un lado a otro de la cámara, que incrementan el ritmo y proporcionan un vibrante ostinato».

En la representación de la añoranza sexual, Beavers asumió, y redujo la dirección manierista que Markopoulos usaba desde sus orígenes en el tipo de cine de trance de finales de los años 40. El ejemplo más recargado de tipo de estilo Bronzino de filmación de los cuerpos era su retrato de Beavers en la encarnación del amante desnudo, en Eros O Basileus. Más de veinte años después, Beavers parece tener la anterior película en mente, cuando filma a su vez al joven eromeno de Wingseed. Uso el término griego clásico que hace referencia al joven amante guiado por una insinuación incrustada en Wingseed: en el dormitorio hay una pausa momentánea en la portada roja de Knabenliebe und Tiergeschenke: Ihre Bedeutung im päderastischen Erziehungssystem Athens de Gundel Koch-Harnack. Koch-Harnack explora los numerosos jarrones pintados en los que un profesor más mayor (erastes) ofrece un animal –a menudo, un liebre- a su amante pupilo (eromenos), argumentado que el intercambio simbólicamente reconoce el empuje instintivo que envuelve a la pareja.

Aparentemente Beavers combina los temas de la relación homoerótica entre el profesor y el pupilo con el bucólico lamento del pastor, tradicionalmente tanto homosexual como heterosexual, trayendo del último un animal domesticado, una cabra, en el lugar de una ofrenda agreste. En la segunda égloga de Virgilio, del pastor-poeta Corydon lamenta su desesperado encaprichamiento por el joven Alexis. En su muerte, Daemotas ofrece a Corydon sus flautas de Pan,

«et dixit morientes: te nunc habet ista secundum» (Bucolica, ii,38)
(«y él dijo cuando moría: «ahora, tendrás esto como un verdadero sucesor»»)

El manto de Beavers secundando a Markopoulos nunca es tan explícito. El título bucólico, Wingseed, sólo sugiere la regerminación de la inspiración poética –transportada por el viento. Las elaboradas convenciones artificiales de la poesía pastoral (aquí traída de forma masiva al cine) enfatizan la continuidad de la tradición, la sucesión de los poetas, y la prioridad del deseo por encima de la satisfacción, como si el objetivo poético del deseo fuera inspirar y animar el artefacto artesanal.

Junto a las seducciones de la canción poética, el Corydon de Virgilio ofrece a Alexis como obsequio cervatillos amamantados, flores, y fruta en vano. Pero el joven protagonista de Beavers parece apreciarlo y domestica a la cabra, lo cual, de acuerdo con Koch-Harnack, señalaría la bienvenida proferida por la dirección instintiva erótica de erastes. Aceptando el obsequio, si es que efectivamente lo es, las escena cambia sutilmente del paisaje rústico al teatro de setos de Salzburgo. La estructura musical de la película de Beavers sostiene sus fecundas ambigüedades en un balance cuidadoso. El poema de del cineasta maduro celebra una juventud quizá aristocrática bajo la apariencia de un pastor arcadiano, y la égloga del pastor, a la vez que el objeto de deseo y sufrimiento del deseo frustrado, que convive con las resonancias más sumergidas, históricas, de los orígenes del cineasta como eromenos. Aunque de algún modo Wingseed se corresponde en el corpus de Beavers con Eros O Basileos en la obra de Markopoulos, constituye una reprobación de la declaración apasionada de la película más antigua, mientras que convierte el poder de la observación erótica y la dirección en una exploración de las continuidades inspiradoras de la filmación y de los cineastas.

The Hedge Theater, la última película del ciclo en ser completada, sigue a Wingseed, presumiblemente porque fueron filmadas en ese orden. A Beavers le llevó quince años para darle a la película su forma definitiva. Es el complemento de AMOR: son las dos películas del ciclo hechas en Roma y Salzburgo, ambas usan el Heckentheater como un emblema sobre la profundidad de la perspectiva cinematográfica y la representación natural del mundo. Situada en la Piazza de San Ignacio, Beavers filma largamente detalles de las dos iglesias construidas por Francesco Borromini. Incluso vuelven los motivos de sastrería: mientras que AMOR muestra momentos en los que se fabrica un traje, en The Hedge Theater vemos a un sastre cosiendo un ojal en una camisa blanca.

El montaje que abre la película entremezcla detalles de la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane con cajas de pájaros y cepos, la costura de un botón, y las operaciones de Beavers con su cámara. El paralelismo inicial, elaboradamente desplegado, de la iglesia de Borromini y el bosque Rocolo (filmado en Lombardía) para capturar aves sugiere que la iglesia podría ser una caja para cazar al Espíritu Santo, o, a la inversa, el Espíritu Santo como un cepo de almas humanas. Como Leo Steinberg demostró, el propio “S. Carlino” es un sistema riguroso iconográfico,«combinando-círculos-octogonales-cruces-hexagonales», afirmando simbólicamente la naturaleza multifacética de la Trinidad. Beavers absorbió este sistema en su película y lo amplificó.

Eventualmente, las polaridades de la edición se alternan entre la iglesia de Borromini St. Ivo delle Sapienza (la cual Steinberg lee como una representación simbólica de la «Domus Sapientiae, la casa construida por Holy Wisdom») y el teatro de setos de Salzburgo cubierto de nieve. La edición enfatiza las hojas muertas y dos leones de piedra casi enterrados en la nieve. En cierto momento, Beavers entreteje un plano de sí mismo con el brazo de un hombre por encima de su hombro y breves fragmentos de la cara de Markopoulos, convirtiendo la visión invernal en una elegía muda de su amante.

Beavers planeó inicialmente complementar la película inspirada por Borromini con otra centrada en San Martino e il povero, un panel de Stefano di Giovanni, llamado Sassetta, en la Collezzione Chigi-Saracini, en Siena. Fusionó los dos proyectos cuando finalmente encontró la forma apropiada para The Hedge Theater. La transición desde el gesto de Markopoulos de afección a la segunda parte de la película queda marcado por un sonido de una fábrica punteando a mediad que la cámara realiza panorámicas arriba y abajo por el panel pobremente preservado de Sassetta de St. Martin de Tours, confiriéndole la mitad de su capa a un mendigo. Beavers alterna fragmentos de la pintura con imágenes del teatro de setos, ahora verde, en primavera o verano. La película termina con una inundación de un río, que podemos escuchar antes de verlo.

Aunque el título simplemente traduce Heckentheater, donde se filmó la mayor parte de la película, alberga un revelador juego de palabras; para las películas de Beavers cercar su teatralidad con elegantes decoros estéticos. Se puede considerar, por ejemplo, su revisión de The Painting. Introduciendo imágenes de la fotografía degradada de él mismo no abandona la reticencia característica de su arte, sino que la modula; por el dramático incidente en el que Markopoulos hizo pedazos de la imagen (si, de hecho, mi deducción del significado de esos planos es correcta) queda suprimido. De hecho, la imagen hecha pedazos ancla la analogía del cineasta con el mártir torturado, ya que lo queramos o no, nos fijamos en la causa especulativa de la desfiguración de la fotografía. Así, incluso concretizando la alusión personal, Beavers cerca su teatralidad. En su montaje lapidario, el espacio del teatro basta, como si eso fuera lo que el cine puede genuinamente ofrecernos, de él. Incluso el brazo que cubre el hombro del cineasta, mientras se filma a sí mismo en un espejo, es un momento reticente o comprendido. Signifique lo que signifique cuando lo filmó –quizá una alusión al final de From the Notebook Of…, ese sentido ha cambiado con la muerte de su mentor y amante.

La coda de la película, centrada en el panel de Sassetta, se convierte en una palinodia de The Painting, el único lugar en su obra en el que un trabajo en dos dimensiones artístico juega un papel central. De nuevo, cerca la alusión, burlándose del espectador para considerar la pintura como una alegoría de Markopoulos y de él mismo y al mismo tiempo rechazando confirmar tal atrevimiento, por lo extravagante del salto. El sonido rasgado que introduce la meditación en San Martino e il povero puede ser la amplificación de un auditorio de la severidad de la capa roja sostenida mostrándola entre el mendigo, que agarra un extremo con ambas manos, y San Martín, sosteniendo el otro extremo con su mano izquierda mientras lleva la espada horizontal en la mano derecha para cortar la capa por la mitad. Así como el pintor flamenco del tríptico de San Hipólito representaba el martirio tensionado por encima del suelo justo antes de que sus extremidades fueran separadas de su torso, Sassetta registra el momento en el que la separación se ha completado casi del todo, cuando el mendingo y el futuro obispo de Tours intercambian sus miradas. El caballo de San Martín gira su cabeza hacia el mendigo y la capa, casi como si para ver la fuente del sonido rasgado Beavers lo añadiera a la imagen.

En las reverberaciones de ese sonido, podemos imaginar el desgaste de la foto de The Painting. Pero ahora, de acuerdo con el emplazamiento de la imagen de Sassetta en The Hedge Theater, justo después del plano del gesto de afección, y por la colocación de la propia película dentro del ciclo My Hand Outstretched, el tropo se invierte y se expande hasta representar el momento de la muerte rasgada de su compañero Markopoulos del cineasta, sin anular la alusión a la extraordinaria generosidad de Markopoulos para con Beavers, compartiéndolo todo con él, desde el comienzo de su relación, del mismo modo que con la carrera de Beavers al completo. Aún vivo en su muerte, pasó su manto a Beavers. Esa frase viene del Second Book of Kings, cuando la capa de Elijah simboliza su elección profética. Dejándola atrás a Elisha cuando el carruaje de fuego le sube a los cielos, y él le pasa los poderes (Kings, 2:11-14). Elisha expresa su dolor de una forma tradicional hebraica rasgando su ropa, pero también acepta la herencia de Elijah con ese gran gesto. Igualmente, la lluvia al final de la película sugiere una metáfora hiperbólica de las lágrimas de la mañana y una metonimia del ciclo renovado.

El desgarro o las rasgaduras son un momento esencial en el proceso de filmación. EL cineasta arranca un trozo de una cinta continua de un plano para unirlo a otro arrancado de una cinta diferente de película. Así el sonido del desgarro que precede a la primera imagen del panel de Sassetta es también un signo del acto que trae conjuntamente las dos películas que Beavers no pudo completar después de rodarlas en 1986 y 1987 hasta que las unió en 2002, incluso aunque no haya una similitud auditiva entre el rasgado de la ropa y el del celuloide.

Dos representaciones de Atenas relacionan Wingseed y The Hedge Theater.

Efpsychi y The Stoas evocan la atmósfera de la ciudad en distritos que han sobrevivido siglos. The Stoas es la única película del corpus de Beavers sin una presencia humana significativa, dejando de lado el primer plano recurrente de dos manos en forma de copa en un lugar aparte, como si estuvieran realizando la medición de un objeto circular ausente, es decir, un recipiente o una canasta. Al parecer, Beavers filmó sus propias manos en un espejo para estos planos. Durante siete minutos vemos imágenes del casi vacío barrio de Stoa Ikaros en Atenas. Recipientes aislados indican que allí se produce –té, pan fresco- pasando a través de estos soportales temporales. Ociosos camiones artesanales y algunos vagones pasan para puntuar la simple labor humana que marca la localización con vestigios de una cultura preautomatizada. Luego, durante diez minutos, seguimos la corriente y oímos el río Alpheus, central en Arcadia, en planos dispuestos de modo que reflejen el volumen en incremento y la velocidad del agua mientras desciende desde su fuente. Los dos minutos finales se concentran en las maduraciones de las uvas en los viñedos.

Dos notas que Beavers escribió, en momentos diferentes, sobre The Stoas, pueden arrojar algo de luz en la operación “final” en ella y en Efpsychi:

«Vi en esas pequeños soportales los espacios en los que se puede ver primero desde un lado y luego desde el otro, una forma de vacío, y luego la divinidad del río –este sentido profundo de la apariencia- y finalmente la maduración de la uva…

En The Stoas, no hay ninguna figura, y no hay títulos. Sólo están las manos alcanzando de forma directa el espacio de esos pequeños soportales industriales, vistos de un final al otro, en una luz que aún puede encontrar una proporción y una finalidad. La vacuidad de los soportales es transformada en el movimiento del río, que es de nuevo tranquilo. A través del ritmo de la imagen del río y de su sonido, un sentido más profundo de las apariencias se proyecta en el espacio superficial. La longitud completa de la corriente se reúne en los grupos definitivos de uvas».

El lenguaje de esas notas abre, o acerca, varias de los elementos clave de las poéticas de Beavers: las frases «una forma de vacío», «la divinidad del río», «(para)encontrar la proporción y la finalidad» y «un sentido más profundo de la apariencia», tensionan la articulación del misterio y de la autoridad con la que concibe la imagen cinematográfica. Los términos formales –proporción, forma y finalidad- se refieren todos ellos a la estructura del cine y, como queda aquí explícito, la luz aprovechada por la cámara y atenuada en la proyección. Para Beavers esta luz no refleja meramente o reproduce el mundo situado ante la cámara; se convierte en algo capaz de hacer que ese mundo aparezca, de que se manifieste él mismo como una imagen, con una fuerza y un sentido del significado (o la finalidad) que ha quedado oculto previamente. Su «sentido más profundo de la apariencia» es una forma de epifanía, como indicó al escribir «la divinidad del río» Alpheus. Los poetas clásicos, especialmente Ovidio, escribió sobre la pasión de este río por la ninfa Arethusa, que una vez se bañó en sus aguas. Para escapar de él ella se transformó en una fuente, únicamente para ocasionar una interpenetración incluso más profunda. Algo de este mito resuena en la descripción de Beavers del montaje de una secuencia como «la vacuidad de los soportales es transformada en el movimiento del río». La triada de lo erótico, lo sagrado y el azar entran en juego cuando las fotografías del cineasta manifiestan «un sentido más profundo de la apariencia». Para que eso ocurra, la película debe crear un vacío donde la imagen no sea ya «reducida a ilustrar una preconcepción», en la frase de “La Terra Nuova”.

En The Stoas, esta epifanía culmina con la revelación o la presentación de las uvas. La palabra “grasping” sugiere no sólo los gestos de la mano, midiendo los gestos de un recipiente o una crátera, sino que indican un ofrecimiento dionisíaco, pero el espacio vacío definido o moldeado por las manos se ha convertido en el recipiente para la epifanía de la divinidad del teatro y del entusiasmo, haciendo de la película la contraparte dionisiaca de la apolínea Sotiros, así como el suplemento de Efpsychi.

La última película, The Ground, es la única película comenzada y completada después de la muerte de Markopoulos. Fue filmada en 1995 y acabada en 2001. En ella Beavers, mezclando la mañana con una serena contemplación, vuelve a Hidra, el lugar de Winged Dialogue, tres años después de la muerte de Markopoulos, quien era el protagonista de la película anterior. Hidra recuerda a un teatro de fascinación erótica como lo fue en Winged Dialogue y en Still Light, pero en The Ground, la atracción por el eromenos, con el torso desnudo en una tablilla de piedra, queda restringido al menos al punto de la melancolía. Es absorbido por su labor, nunca reconocido por un aspecto de la presencia del cineasta.

El molino de viento que aparece en el primer plano de la película y que se repite a lo largo de ella es el mismo en el que Markopoulos se había puesto desnudo al comienzo de la película del primer ciclo. Su vacuidad ahora tenía implicaciones elegíacas, como las tiene la pequeña iglesia donde Markopoulos había filmado algunas escenas; en The Ground aparecen en la distancia, en una isla a poca distancia de la costa de ésta.

¿Cuál es, entonces, la relación del joven albañil con el cineasta? Variando un tropo a partir de Leaves of Grass, Beavers identifica su propio cuerpo con el paisaje entremezclando planos de su pecho desnudo con los planos de la vegetación silvestre de la isla. En la versión de 1855 de Song of Myself, Whitman escribió: Tiernamente usaré tu hierba rizada / puede que transpiren por los pechos de los jóvenes…». Beavers corta del pelo de su pecho a las zarzas y matojos de una ladera cercana, donde en algún momento veremos una cueva. Los pájaros vuelan hacia ella; una cabra está amarrada delante de ella. El montaje sugiere que un burro se encuentra cerca. Esos símbolos irónicos de Hermes, Pan y Dionisos son manifestaciones del «sentido profundo de la apariencia» que el cineasta provoca a partir “del terreno”, sin reducirlos a funciones de lo que él llama intenciones sobredeterminadas. El espacio imaginario creado por sus ritmos de montaje mantiene al molino, al albañil, la cueva y el cuerpo del cineasta en una ambigua proximidad unos de otros. Juntos crean una instancia de las relaciones nodales de lo erótico, lo sagrado y el azar; incluso si los animales apenas parecen estar cerca, como una consecuencia del azar, la carga erótica del montaje aumenta sus asociaciones sagradas.

A lo largo de la película, Beavers toma sus manos y las gira hacia su pecho como si estuviera haciendo una promesa, o un puño para vencer y entonces abre sus dedos. Cuando le pregunté por estos gestos, escribió: «Coloqué en estos gestos de la mano 5 ó 6 sonidos diferentes. Es el hueco de la mano y, como en AMOR, es un lugar para el sonido. Reeditando mis notas sobre The Stoas recientemente, encontré que el sentido literal de doron, la palabra griega para obsequio, es «hueco de la mano»… Me estoy filmando a mí mismo, y el gesto es equivalente a «“abrir el corazón”».

Las alusiones a la mano vuelven una y otra vez en los textos de Beavers en la medida en que asocia la tecnología de la filmación con su lado artesanal. Así podemos leer la repetida focalización en el artesanado manual en las películas como transposiciones de su relación con su arte. He puesto en cursiva las seis alusiones a la mano que se pueden encontrar en las diez páginas de la breve colección de sus ensayos, The Searching Measure:

«Recuerdo la imagen y el movimiento sosteniendo la película original en una mano; la memoria gana un peso y se convierte en una fuente para el montaje… El montaje responde a el hecho de sostener la imagen en una mano y pesar con la memoria de modo que quede protegida de una intención sobredeterminada» (“Editing and the Unseen”).

«La misma mano que controló la cámara ahora sitúa cada imagen dentro de las frases de la película editada. Incluso el simple rebobinado adelante y atrás de las bobinas de la película es parte de este proceso y puede ayudar a alcanzar una visión que conduzca a la forma distinta de la película» (“La Terra Nuova”).

«Un cineasta mantiene una continuidad en su trabajo; toma una dirección y vuelve en la otra con algo nuevo en sus manos… La dureza, la vulgaridad, y la oposición continua del provecho pueden aparecer abrumadoras, sin embargo, un sentido dentro del ojo y de la mano mantienen su propia fuerza, su propio punto de origen, y se convierten en una proyección contra las opciones engañosas... (“Sin codicia, eso es lo más importante; ningún trabajo puede realizarse realmente sin fe y unas manos limpias”) Vitruvio» (“EmBlem”).

El énfasis en sus gestos manuales en The Ground pone de relieve la centralidad del cuerpo del cineasta en esa película y en el tercer ciclo como en un todo, donde he señalado ya las manos proyectando sombras en Sotiros, aplaudiendo en AMOR, dirigiendo y controlando la cámara en The Hedge Theater, y midiendo en The Stoas. En AMOR y The Hedge Theater, el cineasta comparó sus propias manos, haciendo los sonidos y las imágenes de sus películas, con las de un sastre cortando un traje y cosiendo un ojal. En The Ground edita los movimientos de la palma y el puño de acuerdo con el trabajo del joven albañil picando una roca con un mazo y un cincel de color rojo, fálico. A veces es encuadrado y editado como si en la proximidad con la mampostería del molino derruido, representara la continuidad del trabajo artesanal tradicional, transformando los materiales del terreno en las que se sienta en estructuras perdurables pero no impermanentes a la larga. Beavers a menudo superpone el sonido del martilleo con el de su puño golpeándose el pecho. En otras ocasiones deja que entren por encima de las imágenes de los gestos de su mano los sonidos de los pájaros (incluyendo un gallo), de las olas, de los animales (ladridos de perros, rebuznos de un burro), los cencerros de las cabras, y el zumbido de un insecto. Todos esos sonidos contribuyen al ambiente auditivo de la isla, de modo que no aparecen de forma exclusiva en la conjunción con la gestual «apertura del corazón».

Uno puede entender los gestos como el terreno del cual emergen las imágenes, como si la palma abierta ofreciera el obsequio de un sonido, digamos, el rebuzno del burro, que hace surgir los detalles visibles del cuerpo del animal. Sólo por esta vez esta magia parece que no responder a ninguna causa. Hacia la mitad de la película, el cineasta sigue la apertura de la palma con un plano de las manos profiriendo una hogaza de pan, su corteza marrón recuerda al color del paisaje.

Beavers lo compara con la filmación de la vegetación en un pasaje en el que habla de “el terreno”:

«Como las raíces de una planta que llegan hasta la tierra, la filmación queda oculta dentro de un acto complejo, ni es observada por el espectador ni tampoco es completamente vista por el cineasta. Es un acto que pertenece a los ojos del cineasta, y está formada por gestos en relación a la cámara. En este sentido rodea a la cámara con la dirección de su intuición y de sus sentidos. El resultado retiene algunas cualidades físicas del momento decisivo de la filmación –la cualidad de la luz y del espacio- pero es igualmente sorprendente cómo un cineasta dibuja lo que busca hacia las lentes» (“La Terra Nuova”).

En esta alegoría, “el terreno” delinea una división entre lo visible y lo invisible. Esconde y protege el proceso fundamental de filmación tanto del cineasta como de los espectadores. De ahí ese terreno «de un sentido más profundo de la apariencia» crece. Ground es una palabra alemana que viene de la raíz grundus, que ha sido señalada con el sentido de «un lugar profundo». Se manifiesta en el inglés antiguo como grund –denotando el fondo del mar, así como la superficie de la tierra. Confiriéndole a la película este título y situándolo al final de My Hand Outstretched to the Winged Distance and Sigthless Measure, Beavers lo demarca tanto como el punto de un comienzo y el término simbólico de las alegorías de la filmación que reitera, en exquisitas variaciones a lo largo de todas las series: sus ritmos medidos nos vuelven desde el terreno del cineasta y apuntan hacia aquello que no puede ser hecho visible. Si extender la mano apunta a la distancia que se aleja más allá de la visibilidad, el gesto indica también la limitación corpórea del gesto del hombre. Es una versión de la evocación retórica de Emerson de la trascendencia de la belleza: «Si puedo poner mi mano en la Estrella del Norte, ¿sería tan hermoso?». En el título de Beavers, debemos configurar la mano apuntado hacia lo que podemos ver, indicando lo que se esconde detrás de nuestra vista. Justamente al igual que en Nature, donde Emerson lanza la hipótesis de The Hand of the Mind como la consecuencia de Nature, la «disciplina del entendimiento de las verdades intelectuales… [en las que nuestro trato con los objetos sensibles es un ejercicio constante en las necesarias lecciones de la diferencia, la semejanza, el orden, el ser y el parecer, el acuerdo progresivo; de ascenso de lo particular a lo general; de la combinación de uno de los extremos de múltiples fuerzas…- para instruirnos sobre el hecho de que «los buenos pensamientos no son mejores que los buenos sueños, ¡al menos hasta que sean ejecutados!».

La paradoja de la relación de Beavers con Emerson y su tradición es que ningún cineasta considerado en este libro ha asumido de forma tan transversal el peso de la cultura europea (al mismo tiempo rechazando los mecanismos estéticos que he relacionado poniendo los ojos bocabajo o corriendo a través del espacio o flotando por encima de él en un vehículo). Aunque la noción del peso de la cultura europea es una idea americana –ningún cineasta europeo que conozca muestra el nivel de entusiasmo de Beavers-, relacionando al cineasta con Henry James, T.S. Elliot, y Ezra Pound. Si los detalles y las referencias de sus películas eluden ampliamente los modelos emersonianos, el conjunto total y la conclusión de My Hand Outstretched to the Winged Distance and Sightless Measure son fundamentalmente una consecuencia de las poéticas de Emerson y Whitman.

Eyes Upside Down. Oxford University Press, 2008

05/07/2011

El segundo ciclo de Beavers: El pasado en el presente- el presente en el pasado


por P. Adams Sitney

Después de completar Still Light, Robert Beavers comenzó a sentir que la disciplina de producir Early Monthly Segments se estaba convirtiendo en un obstáculo. La bifurcación de sus energías creativas haciendo largas películas arquitectónicas y breves fragmentos personales estaba «ayudándole a desarrollar la próxima forma», como dijo en el Whitney Museum en la premeire de My Hand Outstretched. Ya dio un ejemplo de su intimación en ese impulso de fundir las dos direcciones de su trabajo en Diminished Frame, la única película que completó después de Plan of Brussels en la cual no hay algún segmento que haga referencia a algún aspecto de su producción. Por tanto, en 1970, paró de filmar los segmentos unos junto a otros.

De forma consecuente, desarrolló la siguiente forma con un éxito espectacular, cuando a los veintidós años acabó un nivel destacable de madurez artística con la finalización de From the Notebook Of… Comenzando el segundo ciclo de My Hand Outstretched to the Winged Distance and Sightless Mesure con ella, recobró su importancia en su obra. Mucho más que cualquier otra película individual, con ella estableció su reputación como uno de los más preeminentes cineastas de vanguardia de su generación, al menos para los pocos críticos y comisarios que pudieron ver su trabajo a comienzo de los años 70. Las siguientes tres películas del ciclo –Painting, Work Done, y Ruskin- confirmaron su presciencia de ese temprano reconocimiento.

Algo antes de hacer From the Notebook Of… el cineasta leyó Introduction to the Method of Leonardo da Vinci de Paul Valéry (1985), una meditación sobre el pensamiento y la fenomenología que el poeta francés publicó cuando tenía solo veinticuatro años. En este capítulo hablo bastante del encuentro entre el joven poeta y el aún más joven cineasta a lo largo de un espacio de ocho años, aunque no quiero sugerir que el ensayo de Valéry fuera más decisivo en la influencia de Beavers que cualquiera de los otros trabajos que he mencionado en el capítulo previo o que los que son comentados aquí. Con todo, el pequeño libro de Valéry trae convenientemente algunos de los temas que me gustaría explorar en mi lectura de este medio ciclo. Beavers ha leído siempre extensamente y con disciplina; todas sus películas reflejan el intenso estudio de la poesía, la música, la pintura y la arquitectura. Gran parte del corazón del libro de Valéry habría sido seleccionado de Nature de Emerson, la piedra de toque de la mayor parte de este libro; para Sage of Concorde, escribió: «el hombre es un analogista», y comentó: una hoja, un rayo de sol, un paisaje, el océano, provocan una impresión análoga a la mente. [El poeta] no fija la tierra y el mar, hace que se remuevan en los ejes de su pensamiento primario, y los dispone de nuevo. Poseído por una pasión heroica, utiliza las máscaras como un símbolo de ello. El hombre sensual conforma los pensamientos a las cosas; el poeta conforma las cosas a sus pensamientos.

Para Valéry, Leonardo era un mero pretexto, como reconoce al comienzo de su trabajo, para realizar una exposición de los procesos de su propia mente: «Recordando que [Leonardo] era un pensador, podemos descubrir en sus trabajos ideas que realmente se originan en nosotros mismos; podemos recrear su pensamiento en nuestra propia imagen». Quizá ni Valéry ni Beavers lo próximo que se encuentra esto de la vindicación de Emerson al comienzo de Self-Reliance: «En cada trabajo de un genio reconocemos nuestros propios pensamientos no aceptados: vuelen a nosotros con una cierta majestuosidad alienada».

Ciertamente, su lectura del ensayo de Valéry puso al cineasta en el camino destacado de la examinación de la compleja relación entre sus ideas para las películas y los resultados de su práctica. De forma consecuente, From the Notebook Of… se centra ella misma en el proceso de filmación e integra la representación de la ciudad –aquí Florencia- en ese proceso. Cada instante de la película refleja la interdependencia del cineasta, sus herramientas, el entorno histórico de Florencia, y el modelo compuesto por Leonardo-Valéry.

Lo que Valéry llama el método de Leonardo emana de la concepción del poeta de la naturaleza del pensamiento antes y tras el lenguaje. Es brutalmente crítico con los observadores que ponen nombre a todo lo que ven o con aquellos que confían en la estabilidad de las palabras para convenir en significados fijos:

La mayor parte de la gente ve con el intelecto de manera mucho más frecuente que con los ojos… Cuando se mueven, pierden el movimiento de la fila de ventanas, la transformación de la superficie continuamente cambiante en su aspecto –pero el concepto no cambia. Ven a través de un diccionario más que a través de la retina…

El ensayo de Valéry es una examinación de las estéticas de los fenómenos, de las cosas y de las imágenes mentales antes de todo, y del trabajo artístico en segundo lugar. En las notas marginales que añadió al texto treinta y seis años después, el poeta examinó que el artista era útil puesto que «preserva la sutileza y la inestabilidad de las impresiones sensibles». Comenzando con una concentración en t orno a objetos familiares, la inteligencia analítica se mueve sin el prejuicio de los nombres, o de los hábitos de conceptualización, a un nivel de conocimiento de regularidad, dentro de una confusión de fluctuaciones, que indica una eflorescencia de metáforas y analogías. Para él, la imaginación dramática conllevaba la habilidad para identificar con objetos individuales. Pero tras esa identificación, Valéry describió un proceso superior de abstracción y expansión que llama construcción: permite una forma de invención, común tanto a las artes como a la ciencia, en la que una libertad imaginativa combina y sustituye a los objetos o los conceptos generados inesperadamente en interacciones de uno mismo y del mundo, en lo particular y en lo universal.

Además, examinando la naturaleza del pensamiento, Valéry vio un principio universal de analogía, más básico que el lenguaje:

Los actores en el drama son imágenes mentales, y es fácil entender que si las peculiaridades de esas imágenes fueran eliminadas, y si solo su sucesión, su frecuencia, su periodicidad, sus capacidades diversas para la asociación, y finalmente, su duración, fueran estudiadas, uno estaría tentado a encontrar analogías en lo que es llamado el mundo material, a compararlas con análisis científicos, a darles un entorno, una continuidad, unas propiedades de desplazamiento, de velocidad, y entonces masa y energía.

Al mismo tiempo llama a la forma de analogía ‘metáfora’. De forma más concreta se refiere a la construcción de la manipulación consciente de las imágenes mentales. La construcción reconoce la ubicuidad de la sustitución –de un medio al otro, de una imagen a otra, de una cosa a otra. El gran artista o el gran pensador se permite a sí mismo la libertad a la hora de hacer sustituciones radicales: se impone a sí mismo la tarea de explicarse la totalidad invisible de la que le han sido dadas las partes. Descubre los planos cortados por un pájaro en el vuelo, seguido por una piedra que ha sido lanzada, las superficies definidas por nuestros gestos, y las extraordinarias rasgaduras, los arabescos fluidos, las habitaciones informes, creadas en una red que todo lo abarca desde el arañazo del zumbido de los insectos, el torcimiento de los árboles, las ruedas, la sonrisa humana, las mareas. Algunas veces los trazos de las cosas que ha imaginado pueden aparecer en la arena, en el agua; otras, su propia retina puede comprar posteriormente la forma de su movimiento con algún objeto.

Beavers proveyó al New York Film Festival con las siguientes notas sobre su propio método de trabajo en From the Notebook Of…, que fue proyectada en 1999, en el programa de Views from the Avant-Garde:

He vuelto en varias ocasiones a la pregunta sobre cómo mostrar el «otro lado» de un objeto en el cine. Cómo dar todo el sentido a esto como si estuviera relacionado con otras facetas del espacio prismático en el cine. Siguen siendo fascinante para mí los dos lados de una mano o el hecho de pasar una página o el diálogo entre dos figuras.

Cuando se filmó From the Notebook Of… en Florencia en 1971, había realizado ya algunas películas con filtros de color y máscaras en movimiento. Cada película estaba construida en torno al lugar en el que había vivido –ya fuera Grecia o Bruselas, Zurich o Berlín. La elección inicial de Florencia era más compleja, puesto que las localizaciones se habían escogido a partir de el hecho de recurrir a algunos detalles de la vida de Leonardo da Vinci –algo de eso está relacionado con la ciudad- y a partir de otros comentarios de sus cuadernos. La primera escena de las palomas liberándose de una jaula cerca de Bargello está inspirada en una mención de una escena en la biografía de Vasari. De forma repentina se extendió hasta el presente (de 1971), hasta convertirse en una de mis notas escritas a mano, de modo que el vuelo de las palomas queda entretejido con el paso de la página (o de la máscara) que queda yuxtapuesto con una vista de mi ventana abierta por la que se ven los tejados florentinos. Desde el primer momento, el cineasta está presente como un observador activo. Es normalmente visto en grupos de rápidos movimientos de cámara con mi perfil encuadrando la toma. Una paz natural se desarrolla entre la búsqueda de las localizaciones y las escenas centrales en mi escritura en la mesa. El cuaderno va proporcionando una forma fílmica y sostiene una cantidad de elementos visuales en cada relación cambiante.

Encontrar el presente en el pasado: me sentía estimulado por los preceptos de Leonardo o sus observaciones sobre el dibujo y el claroscuro. Como resultado filmé algunas cualidades de las sombras y su movimiento. Había tiempo par observar la plácida agua por debajo del puente de Santa Trinitá o para comparar el Arno en un punto más turbulento con las olas de una cabellera rubia. Inspirando por la libertad y el ámbito de este autodidactismo, intenté trasladar algunos elementos aislados de su visión a la película. Alcancé el punto en el que podía mirar por la cámara como si fuera una cámara oscura y emplazar colores puros allí. Encontrando el pasado en el presente: puesto que este era el primer (extendido) encuentro con la ciudad, vestigios de la primera Florencia vuelven a la vida como fragmentados. Veo la ventana, pintada en perspectiva en via Maggio, o las proporciones ideales de las fachadas de Alberti, y cada una de ellas ganaba su lugar en la película. La ventana, con sus recesos pintados de negro, me sugería nuevos usos para las formas de mis máscaras, y se extendía más allá de la otra ventana de mi habitación, vista de noche. Cada una parecía abrir una investigación y una incandescencia del pensamiento.

Esos estratos de referencias están a veces sincronizados y a menudo simplemente se solapan. Aparece un espacio entre las notas escritas, que son reminiscencias de mis primeras intenciones, y la filmación actual, desarrollándose en su propia dirección. Ese espectro completo de esas cualidades, nos permite producir accidentes e intuiciones posteriores. El ritmo medido de la lectura –o los fragmentos de unas pocas palabras- queda tejido dentro de los otros movimientos. Uno pasa de la quietud aparente de las notas a una vista activada del movimiento en la edición. Cada nueva imagen y sonido cambia el sentido de una nota cuando aparece y reaparece al girar la «máscara-página».

Dividiendo el frame en dos, la máscara gira de un lado a otro y esa repetición crea una fuerte sugestión de perspectiva, casi en el sentido de la imagen girando hacia su lado reverso en algunos momentos prismáticos, cuando el sonido también contribuye a esta impresión.

Como indica esta extensa nota, en From the Notebook Of… el cineasta, continuamente vuelve a las imágenes de sus notas escritas a mano y su caja de máscaras, explorando las formas en que los filtros de color alteran la luz en la pantalla al completo o en parte de ella. La sustitución de los filtros y de las máscaras confiere al film su ritmo vivaz, acentuado por abruptos movimientos de cámara, barridos hacia otros lugares de Florencia mencionados en las notas de Leonardo. La película hace explícita cómo meticulosamente las imágenes de Florencia han sido mediadas por las lecturas del cineasta, la escritura, los materiales, y el trabajo.

Escribió en La Terra Nuova: «El acto de filmar debería ser una fuente de pensamiento y descubrimiento». Y en Editing and the Unseen: «Las muchas horas de montaje paciente, de escuchar la imagen, esperando a que hable y revele su matriz. A menudo inesperado, es reconocido en su rectitud… Memorizo la imagen y el movimiento mientras sostengo la película original con una mano; la memoria gana peso y se convierte en la fuente de la edición. Ver una película en una mesa de montaje solo me distraería de este proceso y crearía la ilusión de que la edición estaría hecha en la visión». Aquí podemos escuchar la autoconfianza intuitiva de Markopoulos castamente refinada con la inflexión de Valéry en un principio de la poética cinematográfica: filmar requiere una especial atención de los actos del pensamiento y del descubrimiento de que algo ocurra mientras se espera a que las condiciones surjan de pequeños fragmentos de película que son impresionado con luz coloreadas y las imágenes de los lugares; y entonces piden una apertura concentrada y paciente a los nuevos niveles del montaje, mientras que los ritmos de las piezas de las películas gradualmente se afirman en la edición. En From the Notebook Of… por primera vez, Beavers situó este doble proceso en el centro de la película. De sesenta y cinco minutos, en su primera versión, era la película más larga de su filmografía. Montándola de nuevo para My Hand Outstretched, la redujo a cuarenta y ocho minutos.

La película se abre con el sonido de los pájaros levantándose en el aire un momento antes de que aparezca la primera imagen. Entonces, como es habitual en Beavers, una serie de movimientos de cámara muestran una jaula de palomas frente a una torre medieval de Bagello en Florencia. Más adelante en la película, la cámara tiende a pivotarse en el trípode, más que sosteniendo esta floritura, aunque haya un baile similar de movimientos de cámara recortados cuando el cineasta contempla las baldosas rojas del tejado desde la ventana de la pensión. Durante cuarenta segundos, el cineasta interpone algunos abruptos barridos de la cámara que acaban en primeros planos de los pájaros y en unos barridos de las máscaras adelante y atrás para biseccionar el rectángulo de la pantalla. Construyó un conjunto de máscaras que pivotan desde una bisagra en el punto medio; girando una máscara cierra alternativamente las mitades izquierda y derecha de la imagen. Una máscara es negra, la otra blanca, y una tercera blanca por un lado y negra por el otro. Generalmente el eje de la máscara está sincronizado para provocar un cambio en la imagen en la porción desenmascarada del frame. En efecto, eso sugiere el movimiento de una mano hojeando un libro. El ritmo dominante de la película deriva de las variaciones recurrentes de este eje.

Uno de los planos en movimiento sigue el vuelo de un nuevo pájaro a lo largo de la Piazza San Firenze. Mientras avanza la película, elementos de esta escena, incluyendo el despegue del pájaro no visto anteriormente, quedarán entretejidos en el montaje. En la transición fluida desde los movimientos de sacudidas de los planos de apertura a las posiciones fijas de la cámara de las imagen que siguen, Beavers extiende la cadena de analogías que comienzan con una asociación de las alas del pájaro y con las máscaras desconcertadas a la apertura de los paneles de la ventana donde vemos un cuarto en el que veremos al cineasta trabajar con los filtros de color y apuntando notas y dibujando diagramas sobre esta y otras películas. En esas escenas de interior, las notas escritas y los diagramas se vuelven parte del imaginario y el ritmo de la película. En una de ellas leemos:

1970. Una relación entre el ángulo de la cámara con el ángulo del objeto de la proyección: equiparar la cámara, la habitación, y el proyector.

Un similar principio de analogía (o de ‘equiparación’) se encuentra en el corazón de la meditación de Valéry sobre Leonardo:

En realidad, la analogía es solo la facultad de variación de las imágenes, de combinarlas, de hacer que parte de una coexista con parte de otra, y percibir, voluntariamente o no, las similitudes en su construcción.

El conocimiento de los pensamientos que uno tiene, y por extensión que son pensamientos, es una conciencia de (una) igualdad u homogeneidad: la sensación de que todas las combinaciones del tipo que sean son legítimas, naturales, y de que el método consiste en excitarlas, en verlas con precisión, buscando sus implicaciones.

De ese modo, el método de From the Notebook Of… consiste en combinar y asociar imágenes –alas de los pájaros / eje de las máscaras / cerraduras de las ventanas / el mecanismo de la cámara (que Beavers filma abierto, corriendo sin película de modo que podamos ver solo parpadeando el obturador y el mecanismo de los filtros)- y «buscando sus implicaciones» recombinándolos en un ritmo de una elaboración firme. En un cierto momento rima la cúpula de la iglesia del Santo Spirito de Brunelleschi (vista desde la calle) con el trabajo de un artesano tallando un hemisferio de madera, quizá como molde para un sombrero. En otro momento, el eje del molde establece un arco en la columnata del arco de la iglesia. El despegue del pájaro era una alusión a un incidente mencionado por Vasari en Life of Leonardo:

Le gustaban especialmente los caballos, como otros animales, que trató con el mejor amor y paciencia. Por ejemplo, cuando pasaba por una plaza en la que se vendían pájaros, normalmente le4ros sacaba de sus cajas con sus propias manos, y luego pagaba al vendedor el precio que le pedía, y les liberaba en el aire, devolviéndoles la libertad que habían perdido.

Este pasaje puede también hacer referencia a los planos de un caballo aislado a lo largo del film. En forma de adición a Santo Spirito, podemos ver en la película el Ponte Vecchio, el Campanile de Badia, y las fachadas de Alberti de la Iglesia de Santa Maria Novella y el Palazzo Rucellai. Al contrario que la primera generación de cineastas de vanguardia americanos, Anger, Menken, y Brakhage, quienes le precedieron a la hora de filmar monumentos europeos, Beavers no trató el entorno histórico de forma irónica, como si fuera la escenografía de su psicodrama. En cambio, su persecución de la analogía en la sustitución rítmica de una imagen por otra sublima el psicodrama creando un aire de distancia perceptiva así como una manipulación erotizada. Los refinamientos estilísticos recurrentes enfatizan las mediaciones con las cosas y sus sombras en una construcción figurativa de «la mente del cineasta».

Para inscribir su propia imagen en la película, a veces incluso el cineasta se apoya en la composición de la cámara para que podamos ver su cara, desenfocada o en la sombra, en el eje de la escena. Esto da al plano una inflexión subjetiva mientras mantiene la imperturbabilidad cristalina de la imagen, designando el mundo encuadrado como el objeto de su mirada mientras trasciende su perspectiva. En sus propios términos, se mueve continuamente entre la primera y la tercera persona en este film.

De nuevo Valéry: «Juega con las cosas, se vuelve más audaz, traduce todos sus sentimientos al lenguaje universal, traduce claramente».

Desde el momento en que Beavers entra en al película, se retrata a sí mismo jugando con las cosas. Añade el cierre de la ventana a una grieta y balancea la parte superior de su cuerpo adelante y atrás como una fina barra de luz que se mueve en torno a él (y a través de su garganta en primer plano). En los primeros cinco minutos vuelve una y otra vez sobre esta escena. Valéry había criticado a esos ciegos en relación a lo que está delante de sus ojos, «pierden el movimiento de la fila de ventanas, la transformación de las superficies continuamente cambiantes en su aspecto» cuando se mueven. Aquí, por contraste, el cineasta parece estar estudiando continuamente los aspectos cambiantes inducidos por ese movimiento balanceado, pero no ofrece un contraplano de lo que ve. Esto es característico de su estilo y de su estética. En contraste con Brakhage, no estaría dispuesto a imitar la visión subjetiva. La visión de la cámara y la del cineasta son autónomas, pero relacionadas a través de la analogía. El método analógico depende de la reorganización tanto del mundo como del cineasta que son transformados en imágenes «perfectamente….suspendidas» dentro del film, en la frase de una de las notas que vemos durante la secuencia en balanceo:

12.12.70. Cuando en Halleband estaba sentado en un extremo de la piscina y miraba en frente de mí después de algunos momentos el lugar se convirtió en una imagen, la misma pero perfecta –la imagen suspendida en un gran espacio.

Dante, haciendo un tropo de la epifanía ad hoc del Paradiso en la Commedia, llama a la respuesta peregrina de lo que ve «el error opuesto» de Narciso, cuando vuelve su cabeza asumiendo la imagen anterior de él es meramente el reflejo de una realidad situada tras de él. El Narciso Beavers en Halleband contempla una «imagen… perfecta» sn teologizar o devaluar la imagen de su origen. Entiendo la fascinación con el «lado opuesto» de los objetos, mencionados al comienzo del programa de notas del cineasta, como la transformación de la historia especular del mito de Narciso, que Beavers parecía haberlo adoptado en 1971, como una confirmación de su elección artística, a pesar de que sus consecuencias amenazadoras, mágicas de la asunción en una «perfecta… imagen» no se manifieste en sí misma hasta la revisión de su siguiente película, The Painting. En la premiere en el Whitney de My Hand Outstretched habló de una revelación total de la visión que había sido engendrada en From the Notebook Of…: «En Florencia, entendí el poder de la imagen para contenerlo todo. No todas las culturas tienen eso».

Es significativo que la nota de la epifanía en un extremo de la piscina tenga lugar en forma de texto escrito en lugar de ser un acontecimiento registrado o representado. La incorporación de las notas de producción era la innovación decisiva que confirió a la película su sorprendente riqueza. Las notas escritas a mano piden un tiempo concentrado de lectura como contrapunto a los ritmos del montaje. Abren la película a la historia de su génesis, mientras que invitan al espectador a imaginar secuencias no filmadas y a comparar las filmadas con fragmentos verbales. Este juego entre el texto y la imagen difiere enormemente de las cercanas exploraciones en el tiempo de Hollis Frampton en Hapax Legomena, puesto que Beavers renuncia a la ironía que Frampton cultiva; en cambio, sus textos expanden la representación al pensamiento alrededor del cual la película circula.

Hacia el final de esta secuencia inicial de textos, leemos el germen de la matriz de la propia escena:

15.3.71. Cerca de la ventana en el postigo hay una grieta; filmar mi reflejo en el espejo mientras mi cabeza se mueve frente a la escasa luz. Primero lo haré desde un lado y luego desde el otro, y habrá un contorno de luz en lugar de sombra.

Podemos ver un espejo a un lado del cineasta, en algunos de los planos en balanceo, pero no lo filma directamente, aunque se concentre en su atención en algún lugar de From the Notebook Of…, de forma más significativa hacia el final del film, con un doble retrato de Markopoulos y de él mismo, como si, incluyendo a su mentor y amante en el espejo, la imagen pudiera resolver el psicodrama narcisista codificado en la película. Mientras juega con la contraventana, Beavers nos deja ver su perfil en el espejo; es la representación más explícita de «el lado contrario de un objeto» en la película.

El monta su movimiento de balanceo al mismo tiempo que el giro de la máscara en el eje. El sonido de las páginas girando refuerza la metáfora del libro máscara, mientras que los sonidos moviendo las alas y la cámara haciendo clic alargan el espectro analógico. En medio de esas asociaciones, una nota permanece en la pantalla mucho más tiempo que otras y nos sacan otra sonrisa:

22.7.69. El obturador de la cámara es como las alas de un insecto, ambos crean un movimiento, uno en el espacio, otro en el ojo. El cine no recrea la ‘ilusión’ del movimiento, es el propio movimiento.

Del la escena del balanceo en la luz, el cineasta vuelve a la relación de los objetos con sus sombras. Manipula una lente y una caja de máscaras como si estuviera respondiendo a una nota que hubiera previamente filmado:

3.1.70. Con un objeto y su sombra; mientras el objeto se mueve cerca de la superficie de la sombra la sombra se vuelve cada vez más claramente definida. Cuando los objetos regresan hacia la luz y fuera de la sombra, la sombra pierde en nitidez. Una serie de planos que comienzan con una sombra suave, no mostrando el objeto; entonces el objeto se desplaza hacia la sombra, endureciéndola, en el encuadre. La luz debería estar detrás y en un lado del objeto.

La examinación de las sombras se expande entonces para incorporar los filtros de color y sus notas sobre ellos también, por ejemplo:

14.1.70. La película como algo cercano a los colores así como la capacidad para eliminarlos de sus objetos.

Puesto que la película pasa por la cámara y el proyector, genera un movimiento de imágenes «perfectas» y «suspendidas» analógicamente cruzando «entre las cosas cuyas leyes de continuidad se nos escapan» (sentencia de Valéry). La propulsión rítmica de ese movimiento sostiene la película, gradualmente ampliando su rango de referencia hasta incorporar los retratos de un niño con una sonrisa claramente viniciana y dos jóvenes, uno de ellos posando desnudo. En el pasaje en el que Valéry escribe que Leonardo «juega con las cosas», también imagina: «Adora el cuerpo, el cuerpo del hombre y el de la mujer, el cuerpo humano que se mide por sí mismo frente al resto de cosas». En este punto, el cineasta ha utilizado sus herramientas con un tacto meticuloso y sensual que proporciona al film una atmósfera erótica: culmina con la introducción del hombre desnudo. Los primeros planos de los brazos, del muslo y del pene del modelo de Beavers, y de la cara y de los ojos del otro joven, intiman en otro dominio de asociaciones y estímulos de cara a la apuesta de From the Notebook Of… quizá con la conjetura de la homosexualidad de Leonardo. La examinación más elaborada de Sigmund Freud sobre la imaginación artística, Leonardo Da Vinci and a Memory of His Childhood (1910), es también una etiología centrada en la homosexualidad. Aunque es un trabajo particularmente controvertido, incluso dentro del corpus freudiano, y ha sido criticado a menudo por los errores factuales sobre la vida de Leonardo y sus escritos, ha sido decisivo para el reconocimiento de la homosexualidad del artista, aunque el propio Beavers lo encontró «confuso y poco convincente». En una inspección de crítica literaria y análisis del libro, Bradley I. Collins escribió: «De todos modos, la homosexualidad estaba tan extendida en Florencia, que los homosexuales eran conocidos en Alemania como Florenzer».

Cerca de la conclusión del film, Beavers repite varis veces la nota enigmática: «18.11.70. Sobrepasar los miembros con una palabrota fálica». Cuando le escribí para aclarar esto, me respondió:

Busqué un libro, sobre ciertos objetos fálicos y ritos en la antigüedad… como lámparas de aceite, etc.… Encontré esta tradición de usar groseramente una palabrota a través del falo mencionado en él. En mi nota estaba intentando mostrar el poder del falo a través del cuerpo entero, quizá mostrando los brazos levantados o a través de otras formas. Nunca lo conseguí y en la película es solamente una nota. No puedo decir más sobre el significado de esto en la película. Hay un cierto número de notas que no están directamente relacionadas con la película. Estoy leyendo de nuevo las notas de la filmación y he visto lo alejadas que estaban algunas de ellas de mi filmación actual, y luego había otras notas que todavía tienen algo de vida y podrían continuar inspirando mis películas.

Bajo la presión de esta nota, algunas de las imágenes que siguen vienen de la evocación de la autoridad fálica: el brazo y puño del modelo desnudo, ciertamente el primer plano de su pene, más remotamente la posibilidad de crecimiento de un tallo de una planta, la cúpula de Santo Spirito, el repetido alzamiento de un filtro de máscara, la cruz formada por los montantes de la ventana, las cruces de las antenas de televisión en los tejados fuera de la ventana, e incluso el mecanismo interior de la Bolex. En la literatura bíblica (Génesis, 24:2, 47:29-31; Deuteronomio, 67:29) el juramento fálico es declarado colocando una mano por encima de los genitales de una autoridad. Es un toque de fidelidad, y de sumisión. En la ausencia de esa autoridad (a menos que quede encarnada en el reflejo final de Markopoulos sentado tras Beavers y su cámara), la película completa constituye un juramento de lealtad con lo que Beavers llama «la imagen»:

Sostenida por el despertar de la emoción unida a la fuerza, me dirijo a la vida cotidiana del actor y la sombra de la interpretación hasta la figura creciente de vida que hay en la luz de la imagen. ¿Dónde hay que encontrar la fuerza para reunir a las imágenes en una matriz que infunda de vida el montaje? Dentro de una soledad del ser en la que el cineasta crezca y acepte los momentos en que un único color es el único signo de sentimiento en un entorno en el que todo lo demás se opone. La gran realidad del color: respondo directamente a eso en la edición, cuando una imagen queda situada tras otra en una frase unificada por las variaciones de tono.

Mientras se concentra en la elegante geometría y en la superficie hermosa de sus herramientas cinematográficas, Beavers trae más elementos del entorno florentino a su película- las fachadas de Alberti y algunas escenas callejeras anónimas, estudios de las plantas, un trampantojo con una ventana pintada en una pared- hasta que un diminuendo señala el final de la aproximación de la película: cierra su portafolios (que contiene presumiblemente sus máscaras y filtros), clava las contraventanas, y se queda en pie delante de un kiosco de prensa, como para ilustrar la paradójica nota final de sí mismo:

26.5.69. Filmar todas mis acciones sin que tenga nada que ver con hacer películas.

De todos modos, los segundos finales muestran a Beavers en el proceso de filmarse a sí mismo, y a Markopoulos en el espejo. Primero la cámara realiza algunas panorámicas hacia abajo y luego hacia arriba, interrumpidas por el hojeo de las máscaras en su eje, como una página blanca cosida en un libro. En el último plano, Markopoulos gira su cara hasta dar la cara al espejo. El sonido de unas alas levantando el vuelo riman con el clic del obturador de la cámara. El montaje de la imagen y del sonido reafirma el juego de la analogía entre las alas, las máscaras, las páginas, los obturadores de la cámara, los trípodes, y la cabeza humana. Sin negar el poder simbólico de la paloma como un icono de inspiración, incluso divina, Beavers concluye su película por encima del signo del reflejo de lo que Valéry llamaría: «la atención en sí misma».

Como cada cosa visible es lo que la ve, para alguien extranjero, indispensable e inferior, lo que la importancia de esos símbolos, por muy grande que sea en cada momento dado, parece reducciones sobre el reflejo antes que la mera preexistencia de la propia atención, y es transformada en esa pura universalidad, en esa capacidad inconquistable para la generalización que conscientemente siente que ella misma es.

Si hay un psicodrama escondido en el interior de From the Notebook Of…, es una versión de Narciso, quizá el corazón del mito del cine de vanguardia americano desde Meshes of the Afternoon, de Maya Deren y Alexander Hammid. Incluso aquí, las intimaciones de Beavers con la situación de Narciso está más próxima que la inflexión de Valéry, para quien Narciso es a menudo una taquigrafía de las relaciones disyuntivas del sonido y de la imagen, del interior y del exterior, del ser y del conocimiento, y donde «cada imagen visible de algo es lo que la ve». La violencia suicida de Meshes of the Afternoon no tiene lugar en la celebración de Beavers de la encarnación de la forma artística. Si lo es algo, la imagen final de él y Markopoulos posando en el espejo puede ser vista como un final inverso de Meshes of the Afternoon, donde la mujer interpretada por Maya Deren destroza la imagen del espejo del hombre (interpretado por Hammid), y se mata a ella misma, un gesto simbólico combinando el ahogo cortando su garganta, mostrando una serie de algas, que pueden ser tomadas por sangre a primera vista, con la garganta del suicidio. Por contraste, Beavers aparece primero en su película con una fina línea de luz cruzando su garganta. Su autorretrato conclusivo con Markopoulos puede ser visto como un emblema del «espacio prismático de la película». El ejemplo que ha dado en su larga nota para el New York Film Festival era: «los dos lados de una mano o el giro de una página o el diálogo entre dos figuras». Aquí, el diálogo interior del cineasta meditando sobre la génesis de su trabajo, momentáneamente cristaliza en el reflejo de los dos cineastas. En este sentido el segundo ciclo reafirma el diálogo que empezó en el primer ciclo. Simétricamente, el tercer ciclo comenzará con una interiorización, liberalizando las dos voces masculinas de Sotiros.

La estructura de The Painting, la siguiente película del ciclo, es tan transparente y elegante que ofrece un modelo para Beavers del sentido de la construcción. En ella interrumpe de forma sistemática largos planos de atascos de tráfico en el centro de Berna, en Suiza, con algunos detalles de un tríptico flamenco anónimo, El martirio de San Hipólito (adquirido por el Boston Museum of Fine Arts en 1962), y de forma considerablemente menos frecuente, planos de partículas de polvo, un panel de cristal roto, un disco de luz, y una fotografía llena de rasgones. Incluso si de From the Notebook Of… se puede decir que articula el mito de Narciso sin la violencia de Meshes of the Afternoon y su precursora Le Sang d´un poète, o quizá más crucialmente trabaja en la tradición de Swain, de Markopoulos, la secuencia de las dos primeras películas del segundo ciclo revela una tensión latente y, como en la película de Deren y Hammid, muestra la imagen mutilada del cineasta: no una imagen de un cristal destrozado sino la fotografía rasgada.

Beavers compuso el largo plano de la Theaterplatz en Berna para registrar la complejidad de los movimientos de los coches, de las motos, los autobuses, los tranvías, los camiones, las bicicletas y los peatones. La mayor parte del tráfico barre el encuadre desde detrás de los edificios a lo lejos a la derecha en un movimiento en forma de arco a un lado pasando por debajo de la parte inferior derecha del encuadre inquebrantable. Las luces del tráfico no vistas determinan los ritmos de sus paradas y de sus arranques. De todos modos, dos vagones de tranvía que entran del mismo punto de partida no siguen el arco sino que serpentean por el encuadre para salir por el lado izquierdo. Otros vehículos, tan próximos que no podemos anticiparlos, se mueve al frente hacia el extremo primer plano, desde la izquierda para emerger con los vehículos en arco tal y como pasan hacia fuera de la vista pura de la cámara. Dos flechas blancas en el asfalto dan un énfasis gráfico a los arcos de tráfico. En el lejano fondo, podemos ver una línea recta de coches pasando de izquierda a derecha. En la mitad derecha de la composición, los peatones cruzan las líneas del paso de cebra horizontales en medio de la imagen, aunque una vez un hombre lo hace verticalmente, por encima del centro inferior, hasta tomar un autobús parado en medio del encuadre.

Los planos de la pintura del tríptico nunca nos ofrecen un plano general de los tres paneles al completo. Beavers incluso retiene cuidadosamente la visión de la figura de San Hipólito durante más de cuatro minutos, incluso aunque su despatarrado cuerpo domine el panel central con tanta audacia excepcional que el historiador de arte Julius Held especuló que Hugo van der Goes podría haber dibujado la composición ya que el pintor que la realizó claramente no tendría ese ingenio o habilidad. De hecho, Beavers inserta primero un detalle de tonos azules de algunos edificios situados en el fondo a la derecha del panel, enfocándolos y desenfocándolos. Este fragmento de la arquitectura flamenca del siglo XV, incrustado en el horizonte cercano a un castillo más impresionante (que nunca vemos en la película) resuena con los vestigios del gótico suizo en la Theaterplatz.

Si una analogía sobre los fondos arquitectónicos es una apuesta en la introducción de la pintura, el color parece ser un motivo primario a la hora de filmar los siguientes detalles de la ropa, de nuevo del panel derecho. Una túnica roja con una pretina azul rima con un peatón con un vestido rojo y un coche rojo (y luego uno azul) pasando por Theaterplatz. Durante varios minutos el cineasta se niega a insertar algo del panel central en el montaje. Todavía del segundo panel, vemos un brazo sosteniendo un látigo, la grupa y la cola de un caballo –aislado para reforzar la comparación con los vehículos de motor- y la cara de un cortesano borracho, y de forma eventual una vista completa del caballo y del cochero. El caballo y el cochero se corresponder con un ciclista en la intersección de Berna. Más tarde, cuando vemos los otros caballos en el tríptico, habrá relaciones entre un grupo de tres cocheros y tres hombres en motos entre otras relaciones de color y de figura.

Aunque nunca lo veamos por entero en la pantalla, el tríptico es remarcable por la integración dinámica de los paneles laterales con la representación central. El mártir, desnudo con un pequeño taparrabos, sus brazos y sus piernas atadas a los cuatro caballos que lo van a descuartizar, ha sido despegado del suelo por los tensos animales. Los dos caballos que arrastran de sus miembros izquierdos se encuentran en el panel central con él, pero la cuerda de su pierna derecha se extiende al caballo que domina el panel derecho, mientras que el caballo del panel izquierdo arrastra su brazo derecho. La conservación de otro tríptico de la misma escena realizado por Dieric Bouts (con paneles laterales de Hugo van der Goes), esta vez en la Sint-Salvatorkathedraal de Brujas, testifica lo que tiene de único, en el grado en que Bouts sitúa al santo en el suelo y a los cuatro caballos en el panel central, dejando que van der Goes pinte a los espectadores de los dos lados. Pero el pintor anónimo del tríptico de Boston usa los paneles laterales plegables para trabajar de forma dramática una promulgación simbólica de la tortura brutal cada vez que los paneles son abiertos y extendidos, como si alargara los miembros del mártir hasta que se encontrara elevado por encima del suelo.

Uno puede decir que Beavers descubrió una forma de transmitir esta tensión con el montaje cinematográfico sin representarlo de forma directa. Posponiendo los detalles narrativos que representarán el martirio, tentativamente delinea una serie de analogías antes de concretar repentinamente los paralelismos entre los caballos tirando de San Hipólito en cuatro direcciones y los vectores del movimiento del tráfico en el centro de Berna. Aunque tan pronto como nos muestra la cabeza y los brazos extendidos del mártir, introduce el primero de tres planos diferentes (en tren grados de cercanía) de un raja en forma de estrella en una diapositiva de cristal. Como una metáfora del cuerpo que será pronto destrozado, la matriz de líneas rajadas trae otra imagen que el cineasta ha incluido en el montaje poco antes, y que vuelve, a veces, en una vista más cercana: una fotografía rota de Robert Beavers en el suelo de lo que parece ser la habitación de la pensión donde se filmaron los interiores de From the Notebook Of… Como para hacer esta identificación más segura, añade una imagen del antiguo film, balanceada en la luz de la casi siempre cerrada ventana.

En contraste con la ecuación implícita del las líneas de conflicto del tráfico, la fragmentación del cuerpo, el espejo rayado, y la fotografía hecha pedazos, el montaje incluye también movimientos al azar de partículas de polvo flotando y un disco de luz centrado, así como una versión de la conocida máscara en el eje de su película previa. El juego rítmico de todos esos elementos normalmente suspende la violencia metafórica con sinceridad observacional.

Beavers, una vez más, parece haber interiorizado las primeras meditaciones de Valéry sobre Leonardo cuando muestra su prescripción sobre la vista y la pintura:

Creo… que el método más seguro a la hora de juzgar una pintura es empezar por no identificar nada y luego, paso a paso, comenzar a realizar una serie de inducciones que sean necesarias en el mismo momento a causa de un cierto número de manchas coloreadas, dentro de un área concreta con el objetivo de elevarlas metáfora a metáfora, de una suposición a otra, a un conocimiento del sujeto- a veces, solo como una consciencia del placer- que uno no siempre tiene al comienzo.

Gradualmente viéndose empujado de la derecha a la izquierda, selecciona detalles del tríptico, y la cámara de Beavers simula una panorámica virtual de la pintura. Pero la introducción de su coherencia dramática no tiene lugar hasta el medio, cuando revela la figura de Hipólito y el mecanismo de su martirio. Por contraste, la actividad dinámica, continua pero no interrumpida de la Theaterplatz dispone la intencionalidad sin ninguna acentuación dramática. Sus fluctuaciones rítmicas revelan la periodicidad de una red en curso de tensiones direccionales, mientras que la lámina fotográfica representa el vestigio de un único acontecimiento dramático que ha, aparentemente, tenido lugar ya. En este contexto, el espejo roto funciona como una metáfora de ese acontecimiento no específico al mismo tiempo que relaciona a los otros elementos en juego. Juntos sugieren que la película surge como una sublimación de una crisis de conflictos intensos, quizá envolviendo la relación del cineasta con Markopoulos.

El sutil montaje de sonido incluye ruido del tráfico, un látigo, fragmentos musicales (como una orquesta puesta en marcha), desgarros de papel, caballos galopando, una bisagra rota, y un ruido sordo (relacionado con un primer plano del cristal roto). El juego de sonidos sincronizados y no sincronizados refleja la mezcla de temporalidades en las imágenes visuales.

En Introducción al método de Leonardo Da Vinci, encontramos lo que podría ser un guión abstracto de todas las películas del segundo ciclo de Beavers:

El pensamiento consiste, en la mayor parte del tiempo que le confiramos, en deambular entre los temas que conocemos, más que en cualquier otra cosa, que son ya más o menos familiares. Las cosas pueden ser además clasificadas de acuerdo con la facilidad o la dificultad en que se ofrecen a nuestro entendimiento y a la diversa resistencia de los intentos de nuestra imaginación al mirar las condiciones de su existencia y de sus accidentes juntos.

La siguiente película del segundo ciclo, Work Done, propulsa las consutrcciones mentales de Florencia fuera del cuarto del cineasta, tal y como las conocemos de From the Notebook Of…, llamando la imaginación del espectador para sintetizar «las condiciones de existencia» de una serie de imágenes con sus «accidentes». Por eso, el pensamiento del cineasta funde actividades simples que le impresionaron alrededor de la ciudad y «lugares vistos e imágenes haciéndolas su centro» -encuadernación, la sange para freír, la tala de árboles, la pavimentación de una calle- en una afirmación lírica de la dignidad y de la majestuosidad de las imágenes, evocando su representación cuidadosa en la labor de los calendarios iluminados de la Edad Media. Beavers describió sus orígenes a Tony Pipolo:

Um impulso viene de la lectura de News Poems de Rilke, el modo de concentrarse en un objeto. Entonces vemos cómo la filmación puede sugerir en sí misma la forma del objeto que estaba filmando –filmar más cuidadosamente y lograr la composición más clara y la duración de cada imagen. No estaba editada en la cámara, pero intenté tener cada relación con el objeto durante la filmación. Empecé con una imagen de un bloque de hielo, luego llegó la transformación de un elemento sólido en la siguiente imagen, que era un río. Luego filmé la tala de árboles, siguiendo el paso de las páginas de un libro. Cada objeto era visto por sí mismo y la unidad que lo contenía. En la primera versión no mezclé ninguna de las escenas hasta que el último elemento, la sangre, se introdujo. Era como si estuviera diciendo que necesitaba todas esas imágenes para representar el hielo en la película.

Al comienzo de la película Beavers coloca el bloque de hielo en una habitación con un signo en italiano - «Está estrictamente prohibido para todo el mundo no relacionado con el trabajo entrar aquí» - y tres pinturas en un pared: un retrato en blanco y negro de un hombre, quizá el fundador del negocio, una tarjeta con una imagen de Jesús, y una imagen en color de una modelo femenina, tumbada, mirándonos. Quizá el mejor brillo de esta conjunción de imágenes fundidas venga del ensayo de Beavers The Senses, en el cual parece ofrecer su propia visión de la trinidad emersoniana de Dionisio, Eros y Necesidad:

La necesidad que se teje en el film por el cineasta y la dirección física del espectador crean en ciertos momentos una congruencia alimentada por lo erótico, la historia, y el temperamento… y por el mundo físico siempre cambiante. Es en esta distancia donde la matriz del film puede ser vista y oída.

Las tres pinturas en la pared se corresponden aproximadamente con la triada de temperamento, historia y lo erótico. Al mismo tiempo, el aviso de prohibición sugiere la inscripción encima de las puertas del Inferno de Dante, mientras que las imágenes emblemáticas de la película- el hielo, el fuego, la sangre, la carne, las piedras pavimentadas, una montaña, y la tala de los árboles y el paso de las páginas del libro- sugieren los momentos centrales del cantiche. Beavers parece recordarnos el poder de las cosas visuales y de los eventos del mundo de Dante, todavía visible en la Toscana, sin traerlos de acuerdo con la jerarquía teológica de la Commedia. En cambio, el mismo ensayo propone la necesidad de provocar la imaginación narrativa del espectador: «La imagen alimenta el modo en que vemos. Da vida a todos nuestros sentidos con la concentración y elogia el instante».

Lo que puede parecer como elementos de la imagen y del sonido en la proyección puede hablarnos de la forma del intervalo como matriz del film, que apoya en la pantalla. El espectador construye la narrativa como un puente en la luz brillante de la atención. La coherencia no está impuesta ni existe como en la literatura para ser desecha en un entendimiento discursivo.

En su versión reeditada, Work Done procede largamente por escenas diádicas. El bloque de hielo aparece por sí mismo, en varios planos, y entonces se mezcla con los aspectos de la habitación en la que es filmado. Una decisiva panorámica descendente introduce un movimiento veloz por el río en una localización boscosa. Es seguido por el paso de las páginas de un libro en latín, filmado con movimientos de cámara similares, y mezclado con el río y sus alrededores. Puesto que los hilos quedan tensado en bordados de las firmas del libro, la tala de los árboles en el bosque reemplaza al río. Por tanto el montaje asocia el paso de la página y el árbol con las hojas de hierba.

El pasaje más enigmático en la película concentra a un lado el torno desnudo de un hombre. El movimiento de las sombras enfatiza el espacio negativo entre su brazo y el lado de su tronco. Si la construcción de los puentes construida a través del montaje conecta el bloque de hielo con el agua que sigue del río y la tala de los árboles con la producción de papel, entonces el sonido chirriante sincronizado con el brazo y el tronco se mueve adentro y afuera de las sombras conjura la apertura y el cierre de una contraventana o una puerta a través de la cual pasa la luz.

El tropo dominante de esta película es una versión cinemática de silepsis (la figura retórica en la cual una palabra deliberadamente cambia en su sentido por su objeto. Ej: «She took her time and his cell phone»). Por ejemplo, cuando una montaña aparece por primera vez mezclada con un fragmento del pavimento de la calle, podemos crear un puente narrativo entre la montaña y las piedras del pavimento, pero cuando la misma montaña aparece después de un plano de un cerdo a punto de ser sacrificado, su pico blanco rima con la porción de grasa para cocinar.

Esa escena de la cocina provee de un potente clímax a la película, su rito sacrificial y su escena de comunión. Primero, una pintura primitiva de un cerdo, clavado con su propia mano, y cuya sangre sale a chorros a través de una panorámica, sirve para identificar el espeso tanque de líquido rojo del cual un cocinero sacará un cazo e incluso freirá un crepe de sangre de manteca caliente. La película acaba cuando lo espolvorea con queso derretido por encima, le echa sal, lo enrolla, y lo coloca en un plato. Durante este proceso, el más elaborado y extendido en el film, Beavers vuelve a las imágenes del río, al libro, al bosque, al torso, a la montaña, y a las piedras de pavimento, pero no al bloque de hielo, que habría servido para refrescar los ingredientes culinarios. Así como los globos de manteca y los montones de queso gratinado se convierten en metáforas de las montañas nevadas, el río guarda un eco con la sangre, y la superficie de las piedras del pavimento con el crepe frito; mientras que otro, en evocaciones igualmente evocadoras, resisten de forma más extraña al entendimiento discursivo.

En Emblem, Beavers nos dice:

El espectador debe descubrir por qué una imagen fue elegida, y el silencio como un descubrimiento en un momento de cesión. El trabajo del cineasta es hacer la película y proteger lo que hace en la serenidad de un pensamiento sin palabras.

La tensión entre la articulación narrativa y la intimaciones del pensamiento sin palabras confiere a Work Done un tacto exquisito; las iluminaciones de metáforas o figuras de pensamiento que Valéry llamó nociones de diferenciación constituyen cuidadosamente láminas de tiempo que darán lugar a yuxtaposiciones más elusivas que nos provocarían en un modo de recepción que Beavers llamó sintonía.

Cada una de las cuatro películas del segundo ciclo marcan etapas en el aumento de la confianza del cineasta en su oficio y en su habilidad para controlar los matices de la sugestión inmanente en sus imágenes y para ‘sintonizar’ a través del montaje y del ritmo. Una tarea en mitad del ciclo parece haber sido la de inventar modos de meditación en torno a la reducción, pero no negando el imaginario de la subjetividad del cineasta. Las imágenes son objetivas y referenciales; aún reflejan su transparencia tensionando un contexto de artefactos culturales. Son imágenes tocadas por la lectura del cineasta o por la visión de arte histórico, el pasado en el presente. A la vez, piden ser leídas en el mismo contexto, el presente en el pasado. Ruskin visita las vistas del trabajo de John Ruskin: Londres, los Alpes, y debajo toda Venecia, donde la atención de la cámara a la mampostería y la interacción con la arquitectura y al agua imita los análisis descriptivos del autor sobre las «piedras» de la ciudad. Los paisajes alpinos y la arquitectura veneciana han sido la clave de las influencias formativas de la sensibilidad de Ruskin. El mentor jugaba un papel principal en su monumental volumen de cinco obras, Modern Painters (1843, 1846, 1856, 1860) en las cuales destacaba J.W.H. Turner como el artista preeminente de su tiempo; Turner era el tema de tres volúmenes de The Stones of Venice (1851, 1853), en la cual Ruskin escribió como un profeta avisando a la contemporaneidad de Inglaterra; él vio su patria entrando en un periodo de declive moral que destruiría su imperio tal y como creyó que se destruiría Venecia.

En su entrevista con Pipolo, el cineasta realiza estas declaraciones sobre los orígenes del film:

Estuve visitando a mi familia en Massachusetts y encontré los tres volúmenes de The Stones of Venice, que un amigo de la infancia me había dado algunos años antes…. Por tanto los leí, y pensé que podía hacer algo en forma de película. Entonces, en 1973, fui a Venecia con Gregory… Filmé las localizaciones venecianas, algunas veces a tres horas diferentes del día, en color, y filmaba algunos detalles específicos arquitectónicos en la misma localización en blanco y negro. A finales de 1974, todo esto estaba editado y copiado con una banda de sonido de fragmentos leídos del texto de Ruskin. Luego, decidí añadir una coda, que me llevó casi un año hacer; esto también hizo que cambiara el sonido de las partes originales. Con lo que añadí la coda, que está formada por elementos simples –las páginas moviéndose de un libro con sombras entre las páginas mezclado con la nieve cayendo- y eliminé los fragmentos hablados del texto de la mayor parte del film. Las páginas vistas en la coda proceden de otro trabajo de Ruskin, Unto This Last, que es también un texto extraordinario sobre economía política. Entre el cuerpo de la película y la coda, también situé la muerte de Ruskin –el 20 de enero de 1900, pero en la versión final de 1992, lo eliminé. Es ahora una transición simple de Venecia y los Alpes a las páginas y a mi mano… Siempre que he usado una fuente biográfica para una película, ya fuera Leonardo o Ruskin, siempre he rechazo cualquier tentación de presentar a la persona de forma directa, y he intentado encontrar otras formas de establecer su presencia… Mi interés en los varios tipos de máscaras viene de las posibilidades prácticas que poseen para atraer, para controlar la luz de una forma que no podría conseguirse de otra forma que yo conozca. Entonces, en último lugar, dejé de usarlas porque… me parecieron una limitación.

La extraordinaria gracia y belleza de Ruskin, la pulida perfección de sus imágenes, pueden distraer la atención de su tema alegórico del proceso de creación en el que un escritor del siglo XIX presta atención a las particularidades concretas del agua, de la piedra, del tiempo climático y de la metrópolis, meditándolas mediante imágenes, que pueden ser al mismo tiempo recuperadas en Venecia en el grado en que es entendida como un museo arqueológico, o en lo Alpes, donde el tiempo vuelve cíclicamente, mientras que en Londres los trazos de la ciudad de Ruskin han sido enormemente borrados. La autorrepresntación de Beavers como un lector-cineasta, aquí no visto (más allá de su mano en el libro de Ruskin), relacionan Ruskin con From the Notebook Of… para poner un corchete a las cuatro películas que hizo a comienzo de los 70 que forman el segundo ciclo.

En ninguna otra parte de la obra de Beavers la organización arquitectónica de una cidad es tan central a la exploración de una forma fílmica como en Ruskin. En este contexto, cito el ensayo de Valéry sobre Leonardo, por última vez en este capítulo:

Creo que uno debería relacionar la arquitectura con la idea de la ciudad para apreciarla de forma más general, y que para entender su complejo encanto debe tratar de recordar la infinidad de sus aspectos –lo estático de un edificio es la excepción-, el placer es el cambio de posición de uno hasta que el edificio se mueve, y en el disfrute de todas las combinaciones de sus miembros variables –la columna que gira, el fondo que se retira, las galerías que se deslizan- millones de visiones emergen de los edificios, millones de armonías…

La piedra existe en el espacio –lo que llamamos espacio es relativo a la concepción de cualquier edificio que elijamos tomar; el edificio arquitectónico interpreta el espacio y nos deja en las hipótesis de la naturaleza del espacio en una forma particular, por ello está en un único y distinto tiempo a la vez en un equilibrio de materiales relacionados con la gravidez, una construcción estáticamente visible, y, en cada material, otro equilibrio, molecular, y mal entendido.

Aunque el movimiento de la cámara no juegue un papel esencial en la película de Beavers, «el placer de cambiar de la posición de uno hasta que el edificio se mueva» posee su coeficiente de innovación según el modo en que el cineasta gira la torreta de las lentes mientras la cámara está fotografiando un edificio o un detalle. Este nuevo efecto hace que la imagen se mueva de forma más rápida en un arco a través del encuadre del film, bordeado arriba y abajo por la forma curva de la propia torreta de las lentes, momentáneamente enmascarando el resto del encuadre. Si la torreta se gira hacia la izquierda, los arcos de la máscara suben mientras la imagen dentro del círculo de la lente parece moverse hacia abajo, o viceversa. Beavers llamó a este fenómeno «el doble movimiento de la vista».

Una nota de su cuaderno del 8 de marzo de 1978, habla sobre esto:

La propia física (el cuerpo) se mueve siempre en la dirección contraria a lo que es visto (la imagen). Esto es obvio cuando el cuerpo se mueve y menos obvio o imperceptible cuando son solo los ojos los que se mueven. Cuando miro un espejo y veo aún el contorno del espejo plegado como un reflejo sobre mis ojos moviéndose en la dirección contraria a la del movimiento de mi cabeza, me quedo asustado. En este momento tomo las dos mitades del movimiento: la de mí mismo y la de la imagen.

En uno de sus Early Monthly Segments, el cineasta primero experimentó con el giro de las lentes de este modo. Se convirtió en un factor central en las dinámicas de Ruskin, donde coordinó diferentes velocidades del movimiento de las lentes con planos largos y un montaje formado por yuxtaposiciones en el ritmo global, desplegando la película. Algunas veces, continua girando la torreta hasta que las diferentes lentes se hacen a la vista cada vez más próximas o unas imágenes más remotas del mismo edificio, paisaje, u objeto. En muchos casos, cambia de plano justo en el momento en que la rotación es completa.

Muy pronto en la película, la combinación de montaje más característica contiene una imagen en blanco y negro de un plano detalle –a menudo con reflejos resplandecientes de los canales- entre dos planos en color de edificios góticos (el cineasta fija su atención de forma rigurosa en la arquitectura gótica veneciana, excluyendo los edificios de estructura renacentista de acuerdo con las preferencias expresadas por Ruskin). Generalmente, el corte hacia la imagen en blanco y negro tiene lugar justo después del movimiento de la torreta del primer plano en color. Entonces hay un corte estático del blanco y negro a la nueva imagen en color que, a su vez, desaparece tras un giro de las lentes. A medida que progresa la película, la predominancia de esta estructura disminuye.

Los elementos en blanco y negro se convierten cada vez en más infrecuentes. A veces admirables planos en color de los paisajes alpinos del Bergell aparece entre imágenes de Venecia. Por contraste con los planos apenas poblados de Venecia y Suiza, vemos a los peatones y los movimientos del tráfico en la Portland Place de Londres, prepresentando para el cineasta, como para Ruskin, la ciudad moderna donde los autobuses siguen más allá de las antiguas fachadas georgianas. Periódicamente aparecen planos de un libro (The Stones of Venice), a menudo alzado y golpeado por la mano del cineasta tumbada en su portada. En la coda de la película, hojeará las páginas de Unto This Last (la muy influyente acusación al capitalismo moderno por socavar la dignidad de las labores manuales y de la artesanía), intercambiando rápidamente sus páginas legibles con un campo de copos de nieve cayendo.

Persuasivamente, Pipolo vio el cambio de The Stones of Venice a Unto This Last como una función de la relación de Ruskin con Work Done:

Para Beavers, Work Done, la película que precede a Ruskin, representaba un cambio importante respecto a su trabajo anterior, el cual «enfatizó las particulares cualidades de un individuo» convirtiéndose en «una consciencia mayor de las cualidades que son comunes y compartidas y que pueden ser presentadas directamente». Una forma de leer esto es verlo como un movimiento hacia afuera desde el aislamiento a menudo asociado con los artistas –que, en este caso, pueden tener verdaderos paralelismos con la ruptura tomada por Beavers desde su patria y los diferentes caminos que puede haber tomado y seguido- hasta el hecho de abarcar un arte como otro tipo de intento, uno que puede quedar conectado con ‘work done’ por otros… Es razonable ver un cierto paralelismo aquí entre el cambio de Beavers y las ‘dos voces’ de John Ruskin –o, de forma menos esquemática, los «diferentes énfasis» que cada libro del escritor reflejan. Uno es el cuidado estudio de la arquitectura por el artista/crítico; el otro una sobra consideración sobre cómo los principios cristianos deberían ser aplicados de forma más diligente al gobierno social británico y a las políticas económicas. Dar la última palabra a Ruskin, el reformista social, más que a Ruskin, el crítico de arte e historiador, es de alguna forma no una conclusión impropia de un trabajo que también lucha por observar los primeros principios –incluyendo los de la justicia y la economía- concernientes a la producción, la edificación, y la utilidad de un trabajo artístico.

La exhibición pública del segundo ciclo de My Hand Outstretched confirmó las intuición de Pipolo en una cohesión interna entre las dos películas. El ciclo al completo describe momentos en la consciencia de una elección artística. Si podemos asumir tentativamente un intertexto de Dante para Work Done, cada una de las cuatro películas mide las sensibilidades del cineasta, y los parámetros de una cognición cinematográfica, de cara a un maestro que da que pensar, central para la tradición europea –así como distinguida para las americanas. La secuencia de las películas traza el crecimiento de la mente del cineasta, el alargamiento de sus poderes.

Tomando Ruskin como un maestro al final del ciclo, Beavers estaba repitiendo la lección del joven Proust, que acabó su prefacio a su traducción de The Bible of Amiens de Ruskin con una defensa relevante de su discipulado como un tipo de autoinvención:

El pensamiento de Ruskin no es como el de Emerson, por ejemplo, que está por completo contenido en un libro, ya que es, en cierto sentido, algo abstracto, un signo puro de sí mismo. El objeto al que se aplica el pensamiento de Ruskin, y del cual es inseparable, no es inmaterial, se encuentra disperso aquí y allá a lo largo de la superficie del mundo. Uno debe ver donde está, en Pisa, Florencia, Venecia, la National Gallery, Rouen, Amiens, las montañas de Suiza. Tal pensamiento tiene no tiene otro objeto que él mismo, que se ha materializado en el espacio, que ya no es infinito y libre, sino limitado y tenue, que está encarnado en cuerpos de mármol escultural, en montañas nevadas, en semblantes pintados, es quizá menos sublime que el pensamiento puro. Pero hace el universo más hermoso para nosotros, o al menos algunas partes individuales, algunas llamadas partes específicamente del universo, porque está tocado por ellas, y porque nos introduce en ellas obligándonos, si queremos entenderlo, quererlas… Es el poder del genio el hacernos querer una belleza más real que nosotros mismos en esas cosas que en los ojos de los otros son tan particulares y perecederas como nosotros mismos…

No hay mejor modo de ser consciente de los sentimientos de uno que intentar recrear uno mismo lo que un maestro ha sentido. En este profundo esfuerzo está nuestro pensamiento, junto con el suyo, que traemos a la luz… Realmente, el único momento en el que verdaderamente tenemos todos nuestros poderes mentales es aquel en el que no creemos estar actuando de forma independiente, cuando no elegimos arbitrariamente el objeto de nuestros esfuerzos. El tema del novelista, la visión del poeta, la verdad del filósofo son impuestas en ellos en una forma casi inevitable, exterior, con lo que para hablar, en su pensamiento. Y es sometiendo su mente en la expresión de su visión y en el acercamiento de esta verdad como el artista se vuelve verdadero en sí mismo.

El contraste que realiza Proust entre Emerson y Ruskin sacrifica una comprensión de Sage of Concord para retratar a Ruskin como su propio maestro elegido. Sin embargo, Beavers, al contrario de Proust, refunda su herencia emersoniana cuando «somete su mente» a Turner. Encontrar el presente en el pasado y el pasado en el presente se convierte en su camino para confiar en sí mismo, el artista convirtiéndose en más verdadero en sí mismo, en el conjunto del segundo ciclo de My Hand Outstretched.