











PresentaciónPor Jean Narboni
Esta entrevista con Rivette no debe ser leída como la continuación de la anterior, publicada en «Situación del cine francés», Cahiers nº 323-324, y prematuramente titulada «Primera parte», sino más bien como su remake. Debemos una explicación sobre esta inhabitual operación en dos tiempos. Desde hace mucho, deseábamos hacer una larga entrevista con Jacques Rivette. A propósito del número «Situación del cine francés» tuvimos una larga conversación sin orden ni concierto. Su transcripción no fue demasiado trabajada, y, una vez publicada, ni Rivette (a pesar de su gusto por el material en bruto y su indiferencia por la buena forma) ni nosotros, estuvimos realmente satisfechos. De ahí la decisión común de retomarla.
La conversación que van a leer aquí fue registrada el sábado 25 de abril, víspera de la primera vuelta de las elecciones presidenciales.
Esta indicación histórica no conlleva ningún tipo de fetichismo, ninguna anticipación retrospectiva triunfalista: nos parece justificada por los temas principales abordados, y que se tocan con las nociones del periodo, de este «cielo gris» histórico, de reino y de fin del reinado. Rivette incluso nos dice que este tipo de situación le hacen inscribirla en algunas de sus películas, por oposición a otras, bajo el signo de una fecha o un momento: Paris nous appartient (llevada a cabo en los albores del estallido de la revuelta húngara de 1956, y cortada en dos, en su rodaje, por la advenimiento de la Quinta República), Out One (marcada por la desorientación y la tentación de repliegue posteriores a mayo del 68) y hoy este Pont du Nord, completamente filmada en las calles de París, que acaba de terminar.
Puede parece abusivo juzgar desde el ángulo de la historia sus películas, o incluso algunas de ellas, para un cineasta del que sabemos (se ha expresado más de una vez acerca de este punto) las suposiciones que siempre le han inspirado en las inyecciones de política en el cine y los fáciles peligros que escondían, hasta el punto de que en Out One, y como una profesión de fe del cineasta, un personaje declara leerlo todo en los periódicos, salvo las páginas de política. Pero quizá hayamos tomado la suficiente distancia ahora como para empezar a percibir cómo los cineastas de la Nouvelle Vague, a veces por rechazo, fechan, y sobre qué figura fílmica singular y recurrente, a la vez temática, narrativa y formal se lleva a cabo este registro del tiempo. Cómo por ejemplo la figura de la combinación y del golpe, de la técnica del punto de fuego desnudan las zonas- de sentimientos, de organismos, de las sociedades- ganadas por la enfermedad, produciendo ese «pluscuamperfecto» completamente esencial en Godard: cómo la idea fija y el proyecto solitario obstinadamente llevado a su cumplimiento encadenan en Truffaut un forcejeo con el tiempo muy particular a través de su propio flujo, y su atravesar casi sonámbulo; cómo la obstinación rohmeriana, obsesionada entre un demasiado pronto y un demasiado tarde, asociada a la figura enredada del desprecio, dibuja una idea de la predestinación. Cómo finalmente, Rivette, puesto que tratamos sobre él aquí, se coloca bajo la forma de la maquinación y del complot que se despliega con la tentativa iniciática, aparentemente separada del mundo y fijada en un otra parte, de captar del tiempo en el que vive alguna cosa que podría ser su cifra, en la acepción esotérica de la palabra, su fórmula mágica, o la invisible e intratable conjunción de los astros que lo gobiernan.
Le Pont du Nord
Cahiers: Acabas de terminar una película, Le Pont du Nord, que todavía no hemos visto. ¿Podrías hablarnos de ella?
Jacques Rivette: No puede ser de forma más que anecdótica, puesto que esta película, no sé aún qué es –puede que nunca lo sepa, es lo que sucede a veces. Pero ahí, tengo aún más el sentimiento (cuando dijo «on» no es un «on» de jerarquía, sino que es más bien colectivo, ya que esta película la hemos hecho entre unos cuantos, y creo que estamos todos en el mismo estado anímico) de que es muy complicado saber lo que es. Y las reacciones de la gente a la que se la hemos mostrado son tan diferentes que apenas pueden ayudarnos.
Cahiers: Al principio, hablabas de una especie de película «balance» sobre la Francia de los años 80…
Jacques Rivette: ¡Eso es lo que decía yo al principio! No, es una pequeña historia sobre dos personas que caminan por París… Efectivamente, empezamos con las ganas de hacer, diez años después de Out (puesto que el proyecto comenzó hace un año, abril del 80, mientras que el rodaje de Out empezó en abril del 70) otra película…-balance es decir mucho, pero de todos modos, algo así como un pequeño cuadro de la Francia vista desde mi pequeño campanario: lo que quería ser Out, aunque no hable más que de personas, esperaba que también hablara un poco de lo que sucedía dos años después de la Francia del 68 (justo ese era el proyecto del filme), y eso da lugar a algunos rebotes, sin que hablemos nunca directamente de ello. Teníamos ganas entonces con Bulle, Suzanne, de hacer de nuevo un poco la misma cosa diez años después; entonces tratamos muy rápidamente de sacar adelante una historia donde estaría Bulle, eventualmente Juliet –pero el proyecto de la película que ella iba a dirigir empezó a tomar forma después de algunos meses, y de forma habitual, no estaría disponible para trabajar con nosotros- y luego también con Hermine (Karagheuz). De hecho, paramos muy rápido: puesto que al principio, teníamos la sensación de que era lo mismo diez años después, aunque sean las mismas personas que tanto me gustan y con los que tengo ganas de filmar; después, viendo los puntos de partida que habíamos tomado (tomando como tela de fondo otra novela de Balzac), era muy arriesado como copia del primero. También era arriesgado hacer una película relativamente cara, relativamente difícil de mostrar en un momento en el que apenas había productores en el horizonte. Un día, entonces, teniendo en cuenta que Juliet estaba ocupada en su filme, y que Bulle y Pascale Ogier estaban muy implicadas en el proyecto, y el hecho de que nos dijéramos que si queríamos hacer una buena película teníamos que hacerla de la mejor forma posible, todo ello eliminó el primer proyecto. Partimos de la idea de hacer algo lo más simple y económico posible, filmando una película con tan solo dos personajes y únicamente en exteriores: no hay un solo plano en interiores, el resto de los planos están iluminados por la luz de las calles de París, de la primera a la última imagen, y sin salir jamás de los límites de París. Lo que nos ofrecía un buen encuadre, preciso y estimulante. Sin embargo, inmediatamente llegaron las bocanas del primer proyecto: «Cuadro de Francia en 1980», pero no es un «Cuadro de Francia», sino que son solo vistazos, ojeadas, por aquí, por allá, en relación estos dos personajes y dos personajes masculinos con los que se cruzan sus caminos (Jean-François Stévenin y Pierre Clémenti). Es una película que, como las que hago a menudo (es algo que siempre intento hacer y que a veces funciona bien y a veces mal), parece partir en una dirección durante la primera media hora, da un giro al final de esa primera media hora, y toma un nuevo sendero la siguiente media hora, un tercero a los tres cuartos de filme… A veces creo que funciona bien, como en Céline, a veces que funciona menos bien, como en Merry-Go-Round, a veces estos giros están un poco cogidos por los pelos como en Duelle y, en este momento, la mitad de la sala está ya fuera de la película.
Cahiers: ¿Este tipo de construcción en zig-zag es premeditada o llegas a ella una vez la película se ha acabado?
Jacques Rivette: Es una película que, en mi opinión, no se parece a Céline o a Merry-Go-Round, salvo por este principio de construcción del que hablaba hace un momento, pero que funciona, espero, de forma diferente. Sin ello, se ha filmado de la misma forma, es decir, que hay una construcción muy precisa al comienzo, más precisa que en Merry-Go-Round, donde nos vimos obligados a modificar las cosas a lo largo del rodaje, guardando la construcciones a grandes rasgos que habíamos previsto al principio, la cual es, por otro lado, muy simple. Y está escrita, poco a poco, por varias personas, de las cuales la principal era Jérôme Prieur, que hizo el trabajo de base con la escritura de los diálogos; por momentos, son los diálogos de Jérôme tal cual, y luego hay otros más modificados, sea por Schiffman, sea por mí; de hecho hay una o dos escenas escritas por Schiffman y yo, e incluso dos o tres momentos, bastante simples, filmados improvisando de forma más o menos preparada (por ejemplo, Bulle improvisa, pero las intervenciones de Pascale están previstas). Es una fórmula que me gusta mucho: dejar que los diálogos se hagan poco a poco por alguien que sigue el rodaje, con repercusiones e interacciones de uno sobre el otro… Contando con eso, fue muy aleatorio a nivel de rodaje, puesto que estábamos siempre fuera; tuvimos la suerte de que nunca lloviera, pero al contrario, tuvimos frío y días muy grises y cortos. Y cuando filmamos en el frío, no hacemos la misma cosa que cuando lo hacemos en el calor. Es ahí donde he comprendido por qué yo soy un altamaniano, hay una película de Altman que no defendería, Quintet: ¡puesto que es una película de Altman paralizada por el frío!
Cahiers: El motor, ¿era filmar otra vez con gente que conocías?
Jacques Rivette: Es una película que parte de la necesidad de hacer una película, como siempre. Y luego, las ganas de rodar de nuevo con Bulle, que conocemos, no como me sucedió con Geraldine Chaplin en Noroît, o María Scheneider en Merry-Go-Round, es muy agradable filmar con los actores o actrices que conocemos desde hace mucho tiempo y con los que ya hemos hecho cosas; por supuesto, depende de con quien, pero con Bulle sé que es la quinta película, y creo que podríamos hacer incluso cinco más, y siempre descubriría cosas nuevas. Creo que con Juliet sería igual, con Hermine también, y algunos otros… Por lo tanto, nació de conversaciones con Bulle, y a partir de ahí Bulle propuso la idea de un personaje eventual. Luego Pascale tuvo rápidamente la idea de su personaje. Y con Suzanne, partimos sobre los pasos de estos dos personajes.
Cahiers: Siempre hay una idea, como una especie de principio de música, al comienzo de tus filmes…
Jacques Rivette: La única música, es un collage después del montaje. Había desde el comienzo, en la copia de trabajo, una secuencia de dos o tres minutos donde no había ningún sonido, y para que no fuera demasiado triste al verla en las primeras proyecciones de trabajo, dijimos: vamos a tomar un disco, y ya nos habituamos a ese disco y la dejamos.
Cahiers: ¿Qué es?
Jacque Rivette: ¡Un tango de Piazzolla! Está entre la música de burdel y la música de iglesia, ¡pero me encanta! Tuvimos entonces ganas de conservar esta música, y de golpe, estaban estos dos o tres pequeños ecos con otros momentos del filme, que llegan como bocanas de aire.
Las calles de París, de nuevo
Cahiers: Cuando has visto La Femme de l´aviateur, ¿te ha sorprendido por el paralelismo entre Rohmer y tú? Una película en las calles de París, de nuevo.
Jacques Rivette: Cuando empecé la película, no había leído el guión de Rohmer, por todo tipo de razones (de todas formas, odio leer guiones, prefiero ver las películas acabadas), pero sabía que su película, en gran parte, se desarrollaba en exteriores. Luego, resulta que ambos trabajamos con el mismo ingeniero de sonido, Georges Prat, que ya había utilizado para los exteriores de la película de Rohmer esta técnica, que no había utilizado hasta ahora, de pequeños micros HF (técnica que, aunque tenga sus ventajas y sus inconvenientes, nos permitió filmar cosas que no habríamos podido grabar de otra forma). Sí, sabía que Rohmer filmaba sobre todo por la parte de Buttes-Chaumont, pero no tuvimos la oportunidad de ir a esa parte, y rápidamente el rodaje se orientó hacia otros barrios de París. Hace unos años pensaba que no podríamos hacer más películas en París: me equivocaba, París es una ciudad que cambia todo el tiempo, podemos filmar 500 ó 5000 películas. La película parte en barrios convencionales, e incluso turísticos, puesto que vemos el Arco del Triunfo y sitios así, luego se dirige poco a poco hacia los barrios más periféricos en vía de desaparición: ¡he ahí a groso modo el itinerario! Peor es más bien una película situada en París que una película sobre París. O quizá podamos decir que París es el quinto personaje, también con su evolución y sus instantes humorísticos.
Cahiers: Lo que es interesante de lo que dice Rohmer, es que para él, no es solo París lo que ha cambiado, y donde quedan aún lugares inexplorados, sino que hoy, en 1981, y en relación a finales de los 50 y comienzo de los 60, hay otra forma de bajar a la calle de nuevo, como un golpe más de lo que aportó la Nouvelle Vague. ¿También tienes la sensación de que se puede volver a las calles de otra forma?
Jacques Rivette: ¡En parte! Pero hay que decir algo más, para Paris nous appartient, era muy diferente porque al comienzo, teníamos un guión completamente escrito, era la época donde filmábamos sin sonido directo, con un sonido por completo fabricado, en un auditorio. El hecho de hacerlo hoy con sonido directo lo cambia todo, modifica el propósito. Lo mismo al utilizar esas pequeñas cámaras ligeras: aquí hemos filmado en 16, pero están también las de 35, la Arriflex de 120 con la que hicimos Merry-Go-Round, que permite filmar siempre cámara en mano, si queremos. Hay algo que me encanta, que ya había usado en Céline con Montmartre, y es hacer comunicar lugares que, en la realidad, están cada uno en una punta. Trucar París haciendo hacer a los personajes trayectos y saltos completamente aberrantes de un lugar a otro. Emplazarnos en la verdadera geografía para hacer falsas topografías, y a veces hacerlo a la inversa, también.
Luego hay algo que hemos podido aprender haciendo ciertas películas, cuando tenemos ganas de, mediante la cámara, dar la sensación de que es un verdadero lugar, se convierte en lo más complicado. Es muy difícil describir un lugar, dar al espectador el aspecto de sus proporciones y dimensiones, a partir del momento en el que ese lugar es algo complejo, aunque se trate únicamente de la disposición de un apartamento; con más motivo, en exteriores. Aprendemos muy rápidamente que a veces sirve, a veces no, ¡y luego terminamos de nuevo por servirnos de ello! El cine no pide inventar, reinventar completamente esta relación entre los lugares.
Cahiers: Has hecho películas también que sucedían fuera de París.
Jacques Rivette: Sí. La Religeuse, pero es un caso aparte. No se podía hacer en París, se filmó por completo en Avignon. Incluso Noroît. Y Merry-Go-Round, donde voluntariamente todo sucede a las afueras de París; empezar por Rossy para apartarnos de París. El título viene de hecho de ahí, puesto que filmamos alrededor sin nunca entrar en ella.
Cahiers: ¿Crees que vamos a encontrar en tu película el final del reinado de Giscard, como te gustaba decir la última vez?
Jacques Rivette: ¡Dije exactamente del primer reino de Giscard! De nuevo, es una película sobre dos personajes, que se reencuentran y pasan tres días y medio juntos. De repente se ponen a hablar de algunas cosas que están relacionadas, con Francia es decir demasiado, pero en todo caso, de París de finales de octubre, principios de noviembre de 1980. Más allá de eso, de que quisiera remarcarlo al comienzo… Tengo dos tipos de filmes: los que tengo ganas de poner la fecha al comienzo, y los que no. Este forma parte de esos, como Paris nous appartient, como Out One (el caso de La Religeuse es completamente diferente), necesitan que al comienzo se encuentre la fecha correspondiente con la del rodaje (o de la escritura del guión en el caso de Paris nous appartient). Puesto que, como poco, no se estrenará antes de seis meses por lo que no se cómo serán las cosas dentro de seis meses, pero necesariamente habrá cambiado todo mucho en relación a lo que era octubre de 1980… o quizá no.
Cuestiones de economía
Cahiers: ¿Te preocupa la idea del público?
Jacques Rivette: Es difícil de hablar de ello, y más ahora donde las dudas se cruzan en todos los sentidos… Por ejemplo, ahí, ahora estoy en un estado donde no sé nada; la película se ha acabado, está montada, y luego resulta que no funciona, ¿qué se puede hacer? No hay nada que hacer, todo se ha hecho ya. ¿Qué puede interesar? ¿Se puede mostrar? Y admito por completo que no lo sé todo. Puesto que las cosas, cuando las encontramos, cuando las vemos por primera vez, parecen emocionantes, interesantes, y bien, ahora las conozco de corazón, ya no las veo, y me digo al contrario que en ese momento que tenía la impresión de que funcionaba que quizá no. En resumen, es siempre lo mismo, la misma duda… Me preguntáis si hay un público, y lo único que puedo decir es que me gustaría que lo hubiera, pero tengo la impresión de que no lo hay. Pero es una impresión que está ahí, como la otra tarde, cuando volvía de pasar el día en la sala de montaje e iba al cine a ver C´est la vie!, había doce personas. Court-Circuits, ocho. Hemos pasado de una época donde las películas que iban mal hacían 10 000 entradas a otra donde hacen 1000. No hay relevos. Hay una intoxicación del público por culpa de los medios, tan sistemática que la gente no cree en nada. Tanto C´est la vie! como Corts-Circuits creo que son películas que tienen públicos potenciales, pero ese público no saben que esa película puede tocarles o interesarles. No que eso no se haya dicho. Pero se ha dicho y escrito en medio de un océano de informaciones contradictorias, en el que nadie puede encontrar algo. Creo que de golpe todo va mucho más rápido y más lejos, desde que la crítica ha tomado el relevo de la publicidad, como una sobrepuja, desde hace tres o cuatro años.
Ahora creo que la gente no se interesa más que por la crítica de tipo culpabilizante: «Esta película es admirable, si no va a verla como todo el mundo ¡es imbécil!», o lo que esperen. Pero al tiempo que esas repercusiones hayan podido llevarse a cabo, la película ha desaparecido. Para volver a la pregunta sobre el estreno de mi película, ¿qué puedo responder? Solo que tengo ganas de que haga 500 000 entradas, ¡pero por desgracia creo que no será así!
Cahiers: Rohmer ha dicho sobre La Femme de l´aviateur: «Preferiría que la película se estrenara en una sola sala y aguantara un año».
Jacques Rivette: ¡Y tiene toda la razón! Con Le Pont du Nord me gustaría decir lo mismo. Pero sé que por desgracia no será así, puesto que ningún productor o distribuidor comprendería lo que implica este recorrido. Lo cual es muy peligroso, que se quede en una sola sala, pero podemos aguantar, resistir, lo intentamos en todo caso. Pero estrenar en cinco o siete salas, dos semanas después, en tres, y luego una que sea la peor en relación a lo que necesita esta película, es la catástrofe que sucede el 90 por cierto de las veces.
Es lo que ha pasado con L´Aviateur y no le ha ayudado… Es una película, de nuevo, literalmente saboteada por la Gaumont. Mientras que la película parece haber gustado mucho y haber sido defendida por M. Chateau, lo que no impedía a M. Chateau echarla a Hautefeuille, a las cuatro semanas, mientras que el contrato era de once semanas cuando los escalones eran firmes…
Cahiers: ¿Puedes hablarnos de las condiciones de producción de tu película?
Jacques Rivette: Las condiciones son relativamente simples: hemos hecho esta película prácticamente sin ser pagados por ello, con un pequeño apoyo para sobrevivir, tanto para los actores, como los técnicos y los autores. Y el dinero para la película, el laboratorio y todos los gastos de producción –que se han reducido verdaderamente al mínimo- han sido desde el comienzo la aportación de Martine Marignac. En el momento en el que buscábamos los apoyos de financiación posibles, ella se acordó que quedaba Henry Chapier-Paris Audiovisuel (que había producido, en el marco de l´Année du Patrimoine, la película de Marguerite Duras Aurelia Steiner número 1, no sé si era Melbourne o Vancouver, en todo caso ambas muy bellas, descendiendo el Sena), con lo que, en resumen, quedaban 15 millones de los antiguos francos en Paris Audiovisuel para los gastos del llamado Année du Patrimoine. A grandes rasgos, empezamos con este dinero de Chapier pero, para que el rodaje no se parara a los quince días, Barbet Schroeder activó un aporte equivalente de Losange y de Lyric. Así, hicimos al mismo tiempo este cortometraje para el Patrimoine y el largo, y por otro lado el corto se hizo en gran parte con los elementos del largo puestos en conjunto pero de otra forma; como un largo trailer pero mucho más abstracto, un poco de vanguardia de hace veinte años, un poco gag…
Alrededor de algunos temas
Cahiers: Hay entonces dos tendencias en tus películas: las películas ancladas en un momento determinado, y luego las míticas, las que tenemos necesidad de marcar con una fecha, y las que no la tienen. No hemos sacado en claro por tanto lo que es para ti el punto común de la Tetralogía que acabas de hacer: los cuarenta días durante los cuales los muertos vuelven.
Jacques Rivette: Era un punto de partida, un punto de enanche para a partir de ahí comenzar a contar historias. El carnaval, los mitos celtas, me vuelven bastante loco… Pero es agradable cuando, de repente, las ganas de hacer una película encuentran elementos con los que podemos decir: «¡puede ser esto un material posible!», aunque luego este material funcione más o menos bien. En este caso, tengo la sensación de que es un libro sobre el carnaval, de Gaignebet, que encontré por casualidad, el que me aportó un material que me sirvió para arrancar. Pero al fin y al cabo se mezcló con muchas cosas: Duelle, por ejemplo, utiliza muchos elementos de las películas francesas pseudopoéticas, entre comillas, estando, en una descendencia más o menos marcada, en la línea de Cocteau-Franju; en cuanto a Noroît, es el lado patchwork de la obra de Tourneur la que me gustaba. En Duelle quedan algunas cosa de Gaignebet (al menos, lo que aprendí leyendo a Gaignebet), en Noroît, no queda prácticamente nada… Pero prácticamente en estas películas no había ninguna idea general, sino algo que había algo que no se creo ser el único que lo ha probado en esa época, y que ya estaba en Céline –algo como la necesidad de crear pequeños espacios o estructuras de protección cerrados en relación al exterior. Está claro que son películas que rechazan el exterior… Creo que es algo que se encuentra en los mismos temas: no es en vano que Noroît tenga lugar en una especie de ciudadela, y Duelle por completo en lugares cerrados y nocturnos; y eso habría estado igualmente muy presente en el número 1, si lo hubiéramos hecho, la historia de amor entre Albert Finney y Leslie Caron, que no era más que prácticamente un cara a cara, entre dos personas, en una casa aislada… Sí, hubo un momento en el que no tenía ganas de hacer cosas que fueran reales, o al menos más o menos cercanas a lo que sucedía en Francia. Era un rechazo, no me interesaba, y ese rechazo, ahora, se ha caído un poco.
Podemos encontrar un poco lo mismo en La Religeuse o en L´Amour fou, que son también películas de encerramiento (pero más concretas, menos cerradas a lo que llamamos lo real), entre dos filmes, Paris nous appartient y Out One, que son un poco más abiertos, digamos que abrimos las ventanas cada tanto… Pero, de forma general, son películas de encerramiento a fin de cuentas.
Cahiers: ¿Y el elemento de la ciudadela, asediada o no, no es tu hilo conductor?
Jacques Rivette: Quizá. Salvo que en la última no hay ciudadela. Es París, donde las murallas han caído hace tiempo, pero hacemos como si estuvieran ahí.
Cahiers: Este tema de la ciudadela, está sin duda en las películas de Ruiz que, lo ha llevado lejos pero bajo una forma teórica, por alguien que tiene amplios conocimientos teológicos y que siempre se ha planteado la cuestión del punto de vista, de la forma en que se reproduce un poder. Pero para ti, ¿la ciudadela es el punto de vista, quizá, de la gente que está dentro?
Jacques Rivette: Nunca es el punto de vista del poder, ¡eso es seguro! La única vez donde hay algún acercamiento hacia el punto de vista de gente que tiene el poder, en Out, con los personajes, nos ponemos siempre del lado de Doniol-Valcroze o de Françoise Fabiane, pero siempre son intermediarios, entredós, que no son mostrados de forma demasiado seria. Lo que por otro lado no habría podido hacer de otro modo. Me siento siempre incapaz, es sin duda un hándicap, para mostrar un personaje poderoso de forma seria. Pero para ello, quizá sea necesario ser como Jean-Marie (Straub): ¡ir a buscar a Corneille, Schönberg, o Brecht!
Cahiers: Tampoco es por tanto, a pesar del extracto de Metrópolis en Paris nous appartient, el punto de vista de los que están abajo…
Jacques Rivette: Eso es decir demasiado también. ¡puesto que son personas que se sienten acorraladas entre lo alto y lo bajo! No es un lumpen, ¡son los marginales del centro! Justamente ese título, Out, me gusta por eso mismo. (Aunque de hecho, sea sobre todo una etiqueta).
Cahiers: ¿Qué es un marginal del centro?
Jacques Rivette: Creo que todos lo somos más o menos, en todo caso, la gente que conocemos…
Cahiers: ¿Un pequeño burgués? ¿Un «chat dans le sac»?
Jacques Rivette: Un pequeñoburgués, sí, que le va mal, o bien, como queramos…
Cahiers: Según, justamente, si nos ponemos desde el punto de vista del alto o del bajo…
Jacques Rivette: Que quizá se haya visto tentado por los extremos, pero a quien, en general, los extremos no le han ayudado.
Cahiers: ¿Hablas de extremos estéticos, políticos, los dos?
Jacques Rivette: ¡Los dos! Todos los extremos, que a veces son muy confortables. Pero no es la idea de extremo-centro, puesto que se quiere situar justamente al margen del centro.
El centro tiene aquí otro sentido, no es del todo «gobernar el centro». Justamente, es el centro ingobernable, que intenta ser ingobernable, que se convierte en fantasma de lo ingobernable, quizá… Puede parece otro tipo de confort, pero si no hay trampa, es más bien el colmo de lo poco confortable. Cocteau convoca al personaje de Tiresias, creo que en «Troilus et Cressida», que sospecha a la vez de los griegos y de los troyanos.
Entrevista realizada por Serge Daney, Jean Narboni y Gwennolé Laurent
Cahiers du cinéma, nº 235, septiembre, 1981












